Cada vez más vemos como nuestros autores se atreven con obras de planteamiento ambicioso, con grandes temas y con resoluciones escénicas complejas. Hace años que nos llegan de fuera textos de autores jóvenes (Wajdi Mouawad, Sofi Oksannen, Stefano Massini, etc.) que no tienen ningún miedo al riesgo ni a la ambición, y es por eso que encontramos lógica la aparición entre nosotros de obras como Marburg, El profeta o Caïm i Abel, entre otras. El problema es que en el caso de Marc Artigau la pieza ha pecado por exceso más que por defecto. También creo que la historia resulta poco creíble, que hay situaciones demasiado forzadas y que se persigue una trascendencia que no convence. Aún así, el cambio […]
Carles Armengol Gili
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