Sinopsis

Después de dedicar todo el Epicentro Pitarra a normalizar nuestra relación con el padre del teatro catalán moderno, recuperamos uno de sus que demostró una mayor conexión con nuestro imaginario popular, para acercar esta hilarante comedia a todos aquellos que se quedaron con las ganas de disfrutarla.

El nuevo clima político del 1833 eliminó los privilegios del Teatre de la Santa Creu, que hasta entonces había tenido un monopolio absoluto en el teatro hecho en Barcelona, ya que hasta ese momento la ley concedía el control sobre las representaciones teatrales a los eclesiásticos del hospital de cada ciudad. Esta flexibilización de la normativa escénica propició el nacimiento de nuevos teatros que dinamizar la vida cultural de la ciudad y al mismo tiempo determinó que el Teatre de la Santa Creu adoptara el nombre de Teatro Principal, con la voluntad de marcar distancias respecto a las nuevas salas .

La ebullición con el que nació una nueva cultura urbana en la que el teatro se convertiría en una de las principales atracciones del ocio ciudadano, se tradujo en apasionadas disputas entre partidarios del teatro viejo y del nuevo. La rivalidad más paradigmática en este sentido fue seguramente el enfrentamiento entre “liceístas” y “cruzados”, entre partidarios del nuevo Teatre del Liceu y del antiguoTeatre de la Santa Creu. El extraordinario retrato satírico que hizo Pitarra de esta disputa a su obra Liceistes i cruzados nos da el testimonio brillante de un momento fundamental en el nacimiento de la nueva cultura catalana.

Sinopsis

Después de dedicar todo el Epicentro Pitarra a normalizar nuestra relación con el padre del teatro catalán moderno, recuperamos uno de sus que demostró una mayor conexión con nuestro imaginario popular, para acercar esta hilarante comedia a todos aquellos que se quedaron con las ganas de disfrutarla.

El nuevo clima político del 1833 eliminó los privilegios del Teatre de la Santa Creu, que hasta entonces había tenido un monopolio absoluto en el teatro hecho en Barcelona, ya que hasta ese momento la ley concedía el control sobre las representaciones teatrales a los eclesiásticos del hospital de cada ciudad. Esta flexibilización de la normativa escénica propició el nacimiento de nuevos teatros que dinamizar la vida cultural de la ciudad y al mismo tiempo determinó que el Teatre de la Santa Creu adoptara el nombre de Teatro Principal, con la voluntad de marcar distancias respecto a las nuevas salas .

La ebullición con el que nació una nueva cultura urbana en la que el teatro se convertiría en una de las principales atracciones del ocio ciudadano, se tradujo en apasionadas disputas entre partidarios del teatro viejo y del nuevo. La rivalidad más paradigmática en este sentido fue seguramente el enfrentamiento entre “liceístas” y “cruzados”, entre partidarios del nuevo Teatre del Liceu y del antiguoTeatre de la Santa Creu. El extraordinario retrato satírico que hizo Pitarra de esta disputa a su obra Liceistes i cruzados nos da el testimonio brillante de un momento fundamental en el nacimiento de la nueva cultura catalana.

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Espectadores/as
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