Mientras veía L’últim àtom me venía al pensamiento el teatro de Javier Daulte, sobre todo el de aquellas obras donde mezclaba ciencia y juego teatral (4D Óptico o La felicidad). De todas formas, Jordi Oriol tiene un estilo ya muy definido y aporta al subgénero toda su obsesión por el lenguaje y la magia de las palabras. Finalmente obtenemos un texto con muchas capas que quizás no acaban de cuajar del todo al final, pero que abren un abanico extraordinario de grandes posibilidades escénicas. Por un lado tenemos la comedia política (y apocalíptica) y por el otro conviven el drama personal del matemático, el thriller sobre la desaparición de la chica y la realización de un musical sobre la tragedia […]