La figura bíblica de Salomé, un personaje pasivo, obediente y sumiso, pasa a ser una mujer salvaje, manipuladora y obsesiva, que lleva el deseo hasta un nivel casi vampírico en la versión que Oscar Wilde escribió en 1891, en plena época victoriana, provocando escándalo y prohibiciones. En contra de la moral estrecha de la época, la Salomé de Wilde es sujeto activo de deseos, pasiones, conspiraciones y argucias. Ante un texto clásico como éste, tan ampliamente representado, como espectadoras esperamos que el montaje dé una vuelta (o las que hagan falta) a la literalidad del texto y aporte algo que lo haga único y recordable. Y cabe decir que este montaje de La Compañía La Cremosa, dirigida por Mia Parcerisa, […]
Roser Garcia Guasch
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