Orgia implica una conducta salvaje, incontrolada y pública. En la Bíblia son descritas como farras o excesos licenciosos (kômos en griego). También dicen que viene del griego érgon y enérgeia o energía.
Miquel Barcelona que da nombre a su Compañía, le da un nuevo sentido a la palabra y lo explica como un “ritual”. Nos presenta una construcción colectiva que tiene que ver con el cuerpo, el deseo y el placer. Esa reconexión con el placer puede ayudar a cambiar las cosas, dice Barcelona. Él siempre da un sentido social o político a sus obras como lo que ya nos había mostrado en [Kórps], Rojos o Utopía.
En la primera parte, los y las bailarinas se mueven con una precisión matemática como si fueran un cuerpo único. De hecho, es un cuerpo de baile compenetrado, con movimientos impecables. Es una exhibición de una exigencia extenuante. La coreografía nos habla del cuerpo como un lugar de juego.
Más tarde nos presentan unas figuras colectivas enlazadas y formando unos cuadros plásticos con una composición equilibrada, armónica e incluso poética. La música de Rodrigo Rammsy, sincopada y monótona mueve los cuerpos hasta el éxtasis. Los intérpretes participan también con las voces ya que en un momento determinado se oyen respiraciones y sonidos muy expresivos que hacen un crescendo en intensidad recordando un orgasmo. A todo esto le añade mucho sentido el vestuario sugerente y elegante de Miguel Peñaranda y una iluminación con placas cuadradas en los laterales del escenario que están finamente coordinadas con la música. Se la debemos a Laura Clos «Closca«.
Los bailarines y bailarinas son: Miguel Barcelona, Helena Gispert, Martí Güell, Raúl Lorenzo, Bea Vergés, Danielle Mezquita e Isabella Dubroca
Este espectáculo es de una belleza abrumadora y nos ha dejado en estado hipnótico y con ganas de volver a verla. Absolutamente recomendable.
