Conocimos la compañía La Cremosa con una obra que ya era toda una declaración de principios: Purificats, una pieza extrema y maldita de Sarah Kane. Ahora parecía que habían cambiado de dirección o de fórmula escénica, puesto que habían elegido un texto clásico (igualmente extremo y atrevido) de Òscar Wilde, pero el resultado final es una especie de continuación de su primer ejercicio teatral. Y es que La Cremosa no ha abandonado en absoluto el riesgo, el gusto por el atrevimiento formal y la investigación de nuevas técnicas que ayuden a hablar del deseo, de la obsesión, del erotismo desde un punto de vista aséptico y casi entomológico. Salomé ya tuvo en nuestras carteleras el rostro de Margarida Xirgu, Nuria […]
Carles Armengol Gili
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