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Un fresco irlandés monumental

El barquer

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El barquer → Teatre Lliure - Montjuïc
08/02/2026 - Teatre Lliure – Montjuïc

Julio Manrique nos descubrió a Jez Butterworth con aquella vitalista y testosterónica Jerusalén, que tantas alegrías y premios le reportó. Ahora vuelve al mismo autor para mostrarnos una de sus obras más aplaudidas y premiadas (premios Tony, Olivier, etc.) y para dejar en la cartelera un título que si no fuera por el amparo de un teatro público difícilmente podríamos haber descubierto. Butterworth es un autor que escribe obras ambiciosas y grandilocuentes, un poco al estilo de la dramaturgia clásica americana (Miller ronda por el detrás de sus escritos) pero con aquel espíritu punk y combativo del teatro británico, sobre todo del que deriva de los Angy Young Men y todo el surgimiento del teatro independiente durante los sesenta y setenta.

El barquer, como ya hemos avisado, es una obra monumental: tres horas y cuarto de duración, una veintena de actores en escena, momentos corales de gran complejidad, intérpretes de todas las edades, etc. La temática tampoco se queda atrás, puesto que se atreve a abordar el tema del Ira, las huelgas de hambre de los ochenta, la política autoritaria de Margaret Thatcher… Una trama social y política que se mezcla hábilmente con tramas familiares y costumbristas pero también con toda la tradición irlandesa de las banshees, espíritus femeninos que presagian la muerte de alguien a través de llantos y lamentos. Es decir, las abanderadas de una tragedia que llegará irremediablemente.

Butterworth construye muy bien todo el entramado familiar de los Carney y lo mezcla eficazmente con un tratamiento de thriller que nos hace estar en tensión desde la primera escena. Sabemos, como espectadores, que la familia que vamos conociendo durante todo el primer acto está amenazada. No sabemos demasiado bien de qué manera, ni sabemos del todo el porqué… pero intuimos que una desgracia caerá sobre esta granja del condado de Armagh, en Irlanda del Norte. De forma muy hábil vamos conociendo también los personajes, que tienen entre ellos relaciones peculiares y tensiones personales diversas. No será hasta el final que la tragedia haga su aparición, pero es precisamente aquí donde el autor parece tensar un poco la cuerda y optar por una grandilocuencia que el espectador no se espera… Un final impactante (quizás incluso desbordado) que Manrique sabe rematar muy bien con una imagen poética de primera línea.

Manrique, acostumbrado a obras de gran envergadura (El curiós incident del gos a mitjanit, L’ànec salvatge, La gavina), construye un fresco irlandés muy creíble y cargado de referencias y detalles reveladores. Para que todo resultara verosímil ante los ojos del espectador era imprescindible que la familia tuviera una sintonía actoral desde la escena del almuerzo, y bien es verdad que esto se consigue con creces. El reparto es de los mejores que hemos visto en Barcelona los últimos años, con un espléndido Roger Casamajor al frente. También destaca el trío veterano de la función, con un siempre eficaz Carles Martínez, una Imma Colomer que brilla en su monólogo y una extraordinaria Anna Güell (la profética tía Maggie) que emociona con sus viajes astrales y sus visiones de mundos que ya no existen. Pero tampoco nos podemos olvidar de Mima Riera, de Ernest Villegas, de Marc Soler… y especialmente de las actrices más pequeñas de la función (Bruna Armengol y Bruna Luz, en la función que yo vi), que dan la réplica como auténticas profesionales.

Podemos decir, pues, que El barquer es una obra importantísima en la época de Manrique como director del Lliure, igual que lo fue L’herència la pasada temporada. Quizás se echa de menos el desarrollo de algunos personajes en el texto (creo que la tía Pat o el inglés Tom Kettle merecían más recorrido) o bien un mejor aprovechamiento del escenario para la funcional y a ratos espectacular escenografía de Lluc Castells. Pero sea como sea, esta función será recordada durante varias temporadas y por muchos de los espectadores habituales del Lliure.

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