Podemos pasarnos media vida intentando encontrar la palabra exacta que explique lo que nos pasa. Y, cuando por el camino alguien la pronuncia con autoridad, con un diagnóstico, con una etiqueta, a veces no llega el alivio sino otro tipo de claustrofobia. Boja arranca en este punto incómodo, donde la necesidad de entenderse convive con el miedo a quedar reducida a un nombre. Y desde aquí construye un monólogo que no pide permiso. Observa, ironiza, se enfada y se emociona con un pulso teatral que evita tanto la complacencia como el dramatismo fácil. El texto es de Mariona Esplugues, que también lo interpreta. El material de partida es autobiográfico: un recorrido largo por la relación con la psiquiatría y con […]