Dinamarca sitúa al espectador frente a una escena aparentemente sencilla: una madre y un hijo comparten un piso modesto en Copenhague. Ella es mayor, arrastra el cansancio de una vida que ya no ofrece mucho margen. Él ha vuelto o no ha terminado de marcharse nunca del todo, atrapado en una existencia frágil, con más pasado que futuro. A partir de ese vínculo tenso, incómodo y lleno de zonas oscuras, Lluïsa Cunillé construye una obra seca, precisa e inquietante, que evita cualquier facilidad sentimental. El punto de partida puede hacer pensar en una historia familiar de difícil convivencia, pero la obra avanza hacia un territorio más ambiguo. Lo que pesa entre estos dos personajes no es sólo la pobreza, la […]
Jordi Bosch Argelich
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