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Un ejercicio imponente de autoconocimiento

Boja

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Boja → La Villarroel
21/02/2026 - La Villarroel

Podemos pasarnos media vida intentando encontrar la palabra exacta que explique lo que nos pasa. Y, cuando por el camino alguien la pronuncia con autoridad, con un diagnóstico, con una etiqueta, a veces no llega el alivio sino otro tipo de claustrofobia. Boja arranca en este punto incómodo, donde la necesidad de entenderse convive con el miedo a quedar reducida a un nombre. Y desde aquí construye un monólogo que no pide permiso. Observa, ironiza, se enfada y se emociona con un pulso teatral que evita tanto la complacencia como el dramatismo fácil.

El texto es de Mariona Esplugues, que también lo interpreta. El material de partida es autobiográfico: un recorrido largo por la relación con la psiquiatría y con las palabras que intentan describir lo que te pasa cuando, precisamente, no sabes lo que te pasa. Ahora bien, Boja no es un relato lineal ni una sucesión de anécdotas de consulta. Esplugues escribe con sentido de estructura. Elige episodios, los pone en fricción y construye una progresión dramática que va del humor a la incomodidad, y de la incomodidad a un estallido emocional que llega sin avisar. El mérito es doble: por un lado, pone en escena el vértigo de tener que explicarse continuamente; por otro, llega a cuestionar, no de forma gratuita, el lenguaje clínico.

La dirección escénica es de Andrea Castellanos, y el trabajo conjunto Esplugues–Castellanos se percibe en que el monólogo nunca queda estático. Existe una puesta en escena que piensa el cuerpo, el espacio y el ritmo como dramaturgia. El montaje sabe cuándo convertir un recuerdo en gag y cuándo cortarlo de seco para que aparezca la zona oscura. Y administra un mecanismo delicado cuando permite que el público ría sin que la carcajada sirva de excusa (qué peligrosas son estas risas, cuando el público puede estar lleno de experiencias similares…). Cada momento cómico tiene resaca, porque lo que se ventila es ser interpretada por otros.

Como actriz, Esplugues sostiene la prenda con una precisión espectacular. No representa una categoría, sino alguien que pasa de la lucidez al desconcierto, de la autoironía a la vulnerabilidad, y que sabe modular el tono para que el relato no caiga ni en la exhibición ni en el victimismo. Existe una habilidad especial para hacer emerger el ridículo de ciertos rituales (preguntas repetidas, recetas, tópicos) sin deshumanizar a nadie. Es una crítica al sistema de categorías, no a las personas.

Los elementos técnicos completan el dispositivo con inteligencia. La escenografía y el vestuario trabajan con una austeridad funcional que facilita los cambios de registro y evita el realismo cerrado; la iluminación actúa con precisión, delimitando focos mentales y cortando la escena cuando es necesario un cambio de capa; el espacio sonoro sostiene el impulso del relato y, en momentos clave, lo desestabiliza; y el soporte audiovisual aparece cuando la palabra sola ya no puede contener lo que se está abriendo. Nada de esto es adorno: todo es parte del mecanismo emocional.

En conjunto, Boja es un espectáculo que cautiva, hipnotiza y conmueve, que cambia el punto de vista sobre el dolor, sobre las etiquetas, y sobre quien tiene derecho a poner nombre a lo que vive cada uno. Una pieza aleccionadora, rompedora de estigmas, impresionante… imprescindible. Y todo, gracias al talento de Mariona Esplugues. Porque no es fácil hablar de una misma de esta forma. Hay que ser muy valiente.

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