Publicado en 1944, Calígula es un texto bastante perturbador que reúne algunas de las características más representativas del teatro de Albert Camus: el espíritu pesimista, elementos del teatro del absurdo o su tendencia hacia el existencialismo. Pero, a pesar de su interés, no resulta tarea fácil llevarlo a escena, ya que la escasa evolución psicológica de su protagonista puede hacer caer el montaje en una densidad narrativa poco deseable. Desgraciadamente, Mario Gas no ha sabido superar esta trampa y nos ofrece una dirección poco imaginativa a la que le faltan soluciones que aporten agilidad o una cierta vida a un conjunto bastante estático. La escenografía, además, va en consonancia de estas carencies, apostando por una simplicidad pobre y estéticamente insípida. […]
Iván F. Mula
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