Es importante que existan espectáculos experimentales de creación propia e, incluso, colectiva para encontrar nuevos planteamientos teatrales y nuevas formas de exponer las inquietudes de nuestra sociedad. Sin embargo, el peligro de este tipo de ejercicio es no lograr llegar de forma global al espectador que, al no tener un arco narrativo por donde andar, puede perder más fácilmente el interés o quedarse sólo con ciertos fragmentos. La exiliada, la negra, la puta, el caracol y la mística tiene, más o menos, los mismos problemas que su título: es dispersa, demasiado ambiciosa, quiere abarcar muchos temas y acaba por hacerse larga. La intención era buena y, de entrada, tanto la escenografía como el espacio sonoro forman un perfecto envoltorio para […]
Iván F. Mula
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