El exceso de prudencia puede llegar a ser un defecto casi tan peligroso de cara a la puesta en escena de un clásico como la irreverencia gratuita o una comprensión demasiado superficial del texto. El mismo Joan Ollé ha reconocido que no ha tratado demasiado con Shakespeare «por el respeto» que le tiene y es, precisamente, de ahí que esta versión de El sueño de una noche de verano no acaba de brillar. El montaje lo tiene todo para llegar a la excelencia: un numeroso grupo de magníficos actores y actrices, música en directo, una escenografía espectacular, una estética muy trabajada… Y bueno, en cierto modo, el conjunto funciona; sobre todo, en lo que respecta a la vertiente mágica del […]
Iván F. Mula
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