María Pagés: "'Paraíso de los negros' simboliza que todo se tambalea"

Ruben Garcia

La bailaora y coreógrafa sevillana María Pagés es una de las creadoras pioneras a la hora de investigar los códigos del flamenco para convertirlo en un lenguaje contemporáneo y vivo. Como Antonio Gades, Labrador siempre ha tenido un sentimiento arraigado de la ética de la cultura. Ella crea para mover y sacudir las emociones del público, para transmitir mensajes profundos cocidos a fuego lento a partir de bulerías y tarantos. Desde el 2011, en el universo artístico de María Pagés se suman la mirada, la dramaturgia y las palabras del poeta y escritor marroquí El Arbi El Harti. Compañeros de vida y arte, juntos han colaborado en espectáculos como Dunas -con Sidi Larbi Cherkaoui-, Yo, Carmen o Oda al tiempo. Ahora, el Festival Grec, presentarán Paraíso de los negros, una de sus últimas producciones, un solo que nos adentra en un universo simbólico complejo que nos invita a reflexionar sobre nuestros deseos, los límites de nuestra libertad y nuestro cuerpo.

Conversamos con los dos artistas un sábado a la hora del vermut vía teleconferencia. A pesar del escenario virtual de la entrevista, la conversación con ambos fluye orgánica, cordial, profunda y divertida a partes iguales. Después de los cuatro comentarios de protocolo sobre la pandemia, arrancamos la entrevista formal sobre Paraíso de los negros, y de vez en cuando nos desviamos para comentar los orígenes catalanes y ibicencos de María Pagés -se ve que la abuela, Maria Mestres Pintor, era todo un personaje que tiene fascinado el Harti-, el proyecto Ballena que llevan a cabo en el Centro Coreográfico María Pagés en Fuenlabrada (Madrid) o como se conocieron en Marruecos y como Labrador (P) llevó el Harti (e) a la su patria, el flamenco.

Como surge Paraíso de los negros?

E: La idea surgió hace cuatro años cuando actuamos en el Festival Cervantino de Guanajuato. La directora artística del festival en ese momento nos propuso participar en una edición del Cervantino que se dedicaría a las fronteras, un concepto que encaja con quien somos.

P: La relación con el Cervantino no prosperó porque destituyeron la directora, pero el proyecto ya había comenzado a avanzar con el Griego y la Bienal de Sevilla. Este tiempo nos ha ido muy bien para trabajar la obra con más profundidad, tanto por el tema que teníamos entre manos como por la trayectoria y edad que tenemos.

E: En pleno proceso de preparación para el espectáculo irrumpió la pandemia, y en medio del confinamiento, las fronteras las empezamos a vivir en nuestra propia piel, encerrados en casa. Nosotros nos preguntamos si la voluntad depende de nosotros, si somos libres realmente para decidir. Teníamos una vida estupenda, podíamos viajar por todas partes y, de golpe, llega un virus y nos vemos privados de libertad.

P: Ahora todo se tambalea; Paraíso de los negros lo refleja simbólicamente.

El título hace referencia a la negritud, y qué relación tiene con los referentes culturales en los cuales se ha inspirado?

E: Nos hemos inspirado en ‘Poeta en Nueva York’ de Lorca, pero también en la obra de Carl Van Vechten, que también se titula ‘Paraíso de los negros’ (1926). De la obra de Lorca nos interesa la negritud desde el punto de visita metafórico y las referencias entre el principio de autoridad y libertad -que eso es muy lorquiano. También nos hemos fijado en el caso de Nina Simone y como se situó en el mundo como mujer afroamericana. Simone quería ser pianista de música clásica, pero la sociedad racista lo impidió, se convirtió en el blues y el jazz para encajar. En su caso podemos ver la tensión entre el deseo y la autoridad.

P: También nos inspiramos en Jacqueline du Pré, que representa otro tipo de fronteras o confinamiento. A esta gran violonchelista le diagnosticaron esclerosis múltiple con tan sólo 28 años; a los 42 estaba completamente paralizada. Su cuerpo se convirtió en su propia prisión, lo que te limita y aprisiona.

Tratándose de un solo, supongo que la obra también toma el cuerpo de Labrador como materia prima.

P: Sí, también trata de la relación con mi cuerpo. Se habla muy poco del dolor que sienten las bailarinas cuando empiezan a hacer años. Como lo gestionamos? Con la edad el cuerpo acumula mucho conocimiento, de quien eres y como acompañas tu cuerpo en decadencia. Tienes que transformar tu manera de hacer y por eso Paraíso de los negros es un solo, porque trata de lo que soy yo y de mis propias limitaciones, no sólo internas, sino también físicas.

Paraíso de los negros es un espectáculo lleno de referencias culturales y literarias, como ha trabajado el canto flamenco en este contexto?

P: Por un lado, contamos con dos voces femeninas increíbles, Ana Ramón y Sara Corea, y por otro, todos los textos que hay con base dramatúrgica que ha escrito El Arbi han sido adaptados al cante. De hecho, si ahora te pregunto si recuerdas la letra de algún canto flamenco, seguramente no la podrás recordar, que en el flamenco predomina el aspecto musical de la voz por encima del significado de la letra. En cambio, aquí El Arbi (Pagés lo mira y se le escapa la risa) defendió su terreno.

E: El cantaor por tradición defiende la voz, y la palabra pasa a segundo plano. Ha sido un trabajo arduo con las cantaores para vocalizar y entienda lo que dicen, que se conviertan en auténticas narradoras, que sean juglares.

El planteamiento musical no es nada tradicional, tampoco en el campo de los instrumentos, ¿verdad?

P: Hay un trabajo de convivencia entre los instrumentos de música clásica y los instrumentos más flamencos. Tanto tocan piezas clásicas como una de Fauré con tarantos. Todo es sin partitura, que para los clásicos es un reto.

E: Esta señora (señalando Labrador) es una gran directora musical. En el mundo del flamenco hay muchas cosas que pasan pero que la gente no conoce. Ella ha trabajado mucho con su equipo musical, desde hace muchos años. Ana Ramón, que es cantaora, es desde el principio de los tiempos.

Esta convivencia entre instrumentos supongo que os ha permitido lanzarse en la piscina con algún experimento.

P: Sí, ‘Elegie de Fauré’ es una obra compuesta para piano y violonchelo, pero nosotros no podemos llevar el piano de gira. Por lo tanto, nos propusimos adaptar esta partitura a los instrumentos que tenemos al alcance. Costó convencer a los músicos para que musicalmente era muy difícil hacer la adaptación. Los músicos de flamenco tocan de oído y tienen mucha facilidad de adaptación, para que el músico flamenco, lo que siente, lo que dice: «Esto lo hago». Introdujimos el violín para ayudar a la guitarra y lo hemos convertido en un trío de violonchelo, violín y guitarra flamenca. Es muy difícil, sobre todo para la guitarra, porque tiene que estar continuamente cambiando de armonías y ello en el flamenco no es habitual.

Del baile, la danza, en haga una gran amalgama muy rica de disciplinas artísticas. Como ha influenciado tu trabajo coreográfico su colaboración?

P: Desde que trabajo con El Arbi hay un desarrollo dramatúrgico. Durante muchos años yo trabajaba mucho en lo abstracto. Lo importante del trabajo que hacemos juntos es que hay un enriquecimiento y un paso más en el aspecto del movimiento dramatúrgico; el paso existe porque estamos contando una cosa concreta. En realidad la danza es muy repetitiva, pero las palabras también, la cuestión es cómo lo construyes. Siempre estamos trabajando en la investigación, porque es lo que te hace seguir.

Peor Clàudia Brufau / @claudiabrubo 

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