La Compañía Nacional de Teatro Clásico encargó a Lucía Carballal una obra original a partir de El castillo de Lindabridis, de Calderón de la Barca, un clásico sobre una princesa que hereda el reino de Tartaria pero no puede acceder a él porque vive encerrada en un castillo volador. De esta premisa nace La fortaleza, una pieza que se pregunta qué hacemos con aquello que heredamos y que vincula el patrimonio teatral del Siglo de Oro con la biografía de la autora, marcada por la figura de un padre ausente. Hablamos con Carballal (L. C.) y con Mamen Camacho (M. C.), una de las actrices protagonistas, sobre el paso del espectáculo por el Teatre Lliure, en el marco del Festival Grec.

Lucía Carballal
Lucía, ¿cómo ha sido recibir este encargo?
L. C.: Esto empezó como un encargo y no esperaba —no al principio, aunque enseguida lo intuí— que acabara siendo un proyecto tan grande y tan importante para mí. Quizás es lo más personal que he hecho en toda mi vida. Como era un encargo, tenía un punto de partida muy concreto, una premisa muy clara. Y lo que intenté fue pensar de qué manera podía convertir el proyecto en algo verdaderamente personal.
¿Y cómo llegas de la historia de Calderón a la figura del padre ausente?
L. C.: Lo primero que pensé fue que no hacía falta disimular que sentía cierta distancia respecto al material original. Esa sensación de distancia y de dificultad de acceso a una fábula de este tipo era precisamente el material de la obra. Me planteé qué distancia tenemos respecto a las cosas del pasado y cómo las miramos desde nuestros días. El teatro del Siglo de Oro y también lo clásico en general: la tradición, el canon. A partir de ahí surgió la relación con mi padre. Y, finalmente, quería trabajar con actrices que admiro mucho y que han trabajado en la Compañía Nacional, porque eso es una capa más de la función.
Ahora que se habla tanto de “autoficción”, ¿La fortaleza es una obra autoficcional?
L. C.: Sí. Es cierto que, quizás en comparación con otros proyectos, el vínculo con mi biografía es más claro o más explícito, pero no siento que eso me haya hecho plantear el trabajo de una manera radicalmente diferente. He trabajado con las herramientas de la escritura, de la puesta en escena, de la interpretación y de la ficción. Hay vivencias personales en esta obra, sí, pero no siento que esa sea la base del trabajo. En La fortaleza yo vinculo el cuento de un rey y una princesa con un padre ausente. Eso no es exactamente hablar de mi biografía. Pero sí puede ser que el material sea más íntimo.

Mamen Camacho, Natalia Huarte i Eva Rufo
¿Qué papel tienen las tres actrices en esta propuesta?
L. C.: Quería afrontar una misma historia desde diferentes perspectivas. No quería hacer un monólogo. Creo que, a medida que te haces mayor, revisitas una misma cosa pasada de maneras diferentes. Y, por otro lado, me fascinaba mucho la idea de relevo. Ellas se fueron sucediendo en la Compañía Nacional: primero entró Eva, después Mamen y, más tarde, Natalia. Y siento que entrar en el Clásico es una especie de “gran tarea” o “gran misión”, que consiste en proteger, renovar y transmitir el patrimonio.
Mamen, háblanos de tu personaje.
M. C.: Mi personaje muestra el apego, la relación con las cosas materiales, con la herencia, con los objetos del padre. A través de los objetos, ella puede tener un diálogo con un padre con quien nunca pudo hablar, porque nunca estaba. Mi personaje se plantea qué hacemos con esas cosas que heredamos: si nos las quedamos, si nos deshacemos de ellas, dónde las podemos colocar dentro de nuestra vida actual.

¿Y los personajes de Eva Rufo y Natalia Huarte?
L. C.: En el caso de Eva, ella plantea lo difícil que es abordar una obra que tiene 350 años con el lenguaje de ahora, y cómo leemos hoy conceptos como la honra o el hecho de que una protagonista no sea dueña de su propio destino. Y en el caso de Natalia, ella tiene toda esta historia del padre más alejada. Lo que plantea su personaje es que, aunque algo haya sido superado y tu vida ya esté ordenada, el hecho de haber tenido un padre ausente te define.
¿Qué creéis que podemos hacer con la herencia que recibimos?
L. C.: Yo creo que esta pregunta siempre debe mantenerse abierta. No la puedo cerrar. Creo que la relación con la herencia es una manera de seguir creciendo. Cuando veo a gente con la misión familiar de salvaguardar su herencia, o a gente que no quiere saber nada del pasado… estas posturas radicales me parecen pérdidas de oportunidades.
M. C.: Creo que cuanto más conoces lo que hay detrás y más comprendes los hechos en su contexto, más te permites hacer las paces con lo que ha pasado. Y seguir avanzando.
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