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'Il trovatore' y el espíritu de Goya

11 julio 2017
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El andorrano Joan Anton Rechi dirige una nueva puesta en escena de Il trovatore que potencia la oscuridad de la acción con el impacto visual de Los desastres de la guerra de Goya. En el Gran Teatre del Liceu del 17 al 29 de julio.

Il trovatore (1853) fue escrita por el libretista Salvatore Cammarano y se basa en el drama romántico El trovador, del español Antonio García Gutiérrez. En efecto, la obra es quinta esencialmente romántica: un argumento rebuscado, unos protagonistas con orígenes e identidades confusas, amores imposibles con sacrificio final incluido, raptos, venganzas despiadadas. ¿Como se entiende si no la complejidad y verosimilitud de un argumento que nos narra la historia de una gitana a quien hace años le quemaron la madre por brujería, que quema un hijo suyo por equivocación y que deja morir otro sólo para hacer sufrir al hijo de quien había quemado su madre? La grandeza de esta ópera se explica por la fuerza dramática de unos personajes atormentados que se definen por medio de una intensidad musical superlativa. La música, en efecto, es justamente la clave de Il trovatore: esta variedad de incidentes y peripecias argumentales que rozan la inverosimilitud tienen el correspondiente correlato musical en la combinación del Verdi más tormentoso con el más bellamente lírico.

Il trovatore es una obra en la que el resentimiento y el deseo de venganza sostienen la protagonista de la historia, la gitana Azucena, el personaje psicológicamente más interesante de todos. Como no podía ser de otro modo dado su carácter atormentado, este rol lo ha de interpretar la voz oscura de una mezzosoprano o incluso de una contralto. El antagonista de Azucena, el vengativo conde de Luna, debe tener también una cuerda oscura como es la de barítono. Los dos personajes inocentes de la historia, los enamorados Manrico y Leonora, víctimas del odio entre Luna y Azucena, encajan perfectamente en el patrón romántico clásico y sus cuerdas respectivas serán la de un tenor lírico (con rasgos de spinto) y la de una soprano todavía de huella belcantista con notables ornamentaciones y agilidades. Este cuarteto protagonista lo complementa Ferrando, el ayudante del conde de Luna, un bajo que, a pesar del rol menor que juega, tiene un momento de lucimiento personal en el rítmico e interesante racconto -aria Di due Figli vivas padre beato del inicio de la ópera.

Y es que como ocurre también en Rigoletto, los momentos musicales memorables de esta ópera son numerosos. Entre otros, destacan el lirismo belcantista de las arias de Leonora (TACE la notte placida y De amor sull’ali Rosee), la famosísima y vigorosa cabaletta Di quella pira, el célebre corazón del yunque, así como el contraste y cambio de registro dramático que encontramos en el emocionante Miserere del último acto. Azucena también tiene dos momentos musicales antológicos, como son la canzone siniestra Stride la vampiro y la sobrecogedora Condotta ell’era in Ceppi. Por otra parte, el aria del conde de Luna Il ballena del suo sonrisa es una de las grandes arias del repertorio operístico para barítono.

Como la obra originalmente está situada entre la corona de Aragón y las montañas de Vizcaya, el montaje que dirige el andorrano Joan Anton Rechi -discípulo de Calixto Bieito- tiene presente tanto la oscuridad de la acción como este aragonesismo. Así, el impacto visual de Los desastres de la guerra de Goya tendrá un protagonismo capital en una escenificación que promete ser interesante. La dirección musical corre a cargo de un viejo conocido del Liceo, el maestro milanés Daniele Callegari, el nervio del cual garantiza una orquestación vibran t, como ya demostró la temporada pasada en París, justamente con esta misma ópera, en un montaje entonces dirigido escénicamente por Àlex Ollé (Fura).

En cuanto a las voces, el polaco Artur Rucinski, a quien pudimos ver hace un año en el Liceu interpretando correctamente el Marcello de La bohème, puede ofrecernos un solvente conde de Luna, mientras que la mezzosoprano Marianne Cornett tiene suficiente experiencia y calidad como para poder afrontar el rol de Azucena con garantías. Marco Berti, que interpretará Manrico, tiene una voz sólida aunque a veces irregular. Junto a él estará la soprano lírica spinto Kristin Lewis, especializada en los roles verdianos. El rol de Ferrando lo interpretará el seguro bajo boloñés Carlo Colombara. En el segundo repertorio destacan con luz propia las figuras del coreano Yonghoon Lee como Manrico, un habitual del Met, junto a Tamara Wilson en el rol de Leonora, una versátil soprano lírica spinto con habilidades belcantistas. Ekaterina Gubanova, mezzosoprano con buena corolatura, interpretará el rol de Azucena y la sólida voz de George Petean, el del conde de Luna.Marco Spotti será el Ferrando de este segundo cast. Completan los roles menores de ambos repertorios, los barceloneses Albert Casals y María Miró como Ruiz y Inés respectivamente.

Texto: Jordi Vilaró

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