Mucha gente conoce musicales como Les Misérables o Hamilton. Lo que no todo el mundo sabe es que ambos son hitos del teatro musical de gran formato nacidos en entornos subvencionados: Les Misérables, impulsado por la Royal Shakespeare Company en el Barbican de Londres, y Hamilton, en el Public Theater de Nueva York. En los ecosistemas anglosajones, dar el salto a la explotación comercial es algo natural: es lo que se conoce como un traslado (“transfer”): incubación pública, explotación privada.
En Cataluña, en cambio, esta cadena es una rara avis: primero, porque apenas estrenamos musicales de gran formato en teatros públicos; y segundo, porque el paso hacia el sector comercial es una excepción. Por eso, el recorrido de Ànima, estrenado en el Teatre Nacional de Catalunya (TNC) en 2024 y ahora con temporada prevista en el Teatre Tívoli en febrero de 2026, merece una atención especial.

Conviene recordar, sin embargo, que este salto hacia el teatro comercial es solo la culminación de un proceso creativo que, en nuestro contexto, resulta difícil de comparar con los modelos anglosajones. En Cataluña, los musicales de nueva creación de gran formato no disponen de etapas intermedias como talleres de prueba abiertos al público (“workshops”) un año antes del estreno, ni tampoco de un periodo de funciones previas fuera de Barcelona que permita probar, ajustar y reescribir el espectáculo antes de su presentación oficial.
Cuando un musical de nueva creación se estrena aquí, lo hace casi siempre directamente en su versión definitiva, sin margen de error ni rodaje, y eso hace que los posibles traslados sean todavía más excepcionales.

Ànima nació hace cinco años casi como una obsesión personal de sus creadores: Blanca Bardagil, Oriol Burés, Víctor G. Casademunt y Marc Gómez. No se trataba de un encargo, ni ninguna institución garantizaba unas condiciones creativas mínimas que permitieran desarrollar el proyecto con los estándares que exige un musical de esta magnitud.
No fue hasta que, en el marco del Festival Grec del verano de 2023, apareció el certamen RIIIING! Els musicals que truquen a la porta. Fue allí donde el equipo de Ànima pudo presentar públicamente el material acumulado que hasta entonces descansaba en un cajón. De nuevo, quedaba patente la necesidad del apoyo de los equipamientos públicos, especialmente en esta fase de laboratorio.

Esta nueva temporada en el Teatre Tívoli permitirá además algo especialmente valioso para cualquier creador: dar una segunda vida a su obra y, de paso, aprovechar para ajustarla, reescribirla y presentar una versión aún más afinada. Y eso que el paso de Ànima por el TNC ya fue más que convincente: en las siete semanas en cartel llenó la Sala Gran (17.298 espectadores y una ocupación del 92,97 %) y despertó un entusiasmo que no ha dejado de crecer.
En el fondo, Ànima habla de ocupar espacios que hasta ahora parecían inaccesibles. La idea de que un musical de nueva creación en catalán pueda llegar a un escenario como el del Teatre Tívoli es la mejor demostración. El espectáculo nos lleva al universo de la animación de los años treinta como metáfora de un proceso interno: dibujar hasta encontrar la propia voz. ¿Cuántos libretos y partituras dormirán aún en cajones anónimos, esperando a que un concurso, un festival o una institución les dé la oportunidad de convertirse en el próximo gran musical catalán?
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