Alocada incertidumbre

L'últim àtom

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L’últim àtom → Teatre Goya
02/06/2026 - Teatre Goya

Con los años las personas creen que irán adquiriendo más sabiduría y conocimientos, que habrá un momento en que no habrá tantas preguntas a su alrededor o, incluso, que no habrá porqué se habrá vivido de todo y se sabrá de todo. Pero la incertidumbre es una compañera que no nos abandona por mucho tiempo que pase. Se podría decir que no estar segura de nada está al orden del día.

Jordi Oriol convida a la espectadora en esta obra a transitar por esta incertidumbre que devora el día a día y cómo cada persona intenta abordarla de la mejor manera, quizás la única que sabe. Un texto muy inteligente y rápido que consigue divertir y hacer reír al público durante casi toda la representación. Puede que a veces algunos conceptos científicos o lingüísticos parezcan difíciles de comprender, pero se presentan solo como punto de partida para explicar una historia muy humana, como es la pérdida de una hija y como gestionarlo.

Es verdad que esta narración tiene diversos relatos entrelazados que pueden hacer descentrar un poco a la espectadora: la pérdida de un ahija, la reacción ante una situación de emergencia, una abuela que pierde la consciencia (¿o quizás ahora más allá?), la realización de un musical que tiene un trasfondo para estudiar, el misterio de un contacto anónimo… Temas que pueden meterse en la obra de manera interesante, pero que acaban por abrir demasiados frentes para la espectadora que no sabe en qué se tiene que centrar o si todos acaban uniéndose en algún momento.

Con una escenografía muy peculiar y muy efectiva se muestra como es de increíble la capacidad que tiene un par de tizas para crear todo un mundo de posibilidades. Esta inventiva para estructurar un imaginario en la mente de la espectadora, con dos pizarras, unas sillas y un poco de attrezzo en un fondo de frontón, es magnífica y resulta mucho más de lo que se puede esperar.

Si una cosa se tiene que remarcar, eso sí, es el estado de gracia en el cual está todo el reparto. De hecho, no es una alteración de lo que ya se espera de Joan Carreras o Mia Esteve. Es una maravilla también contemplar a Carme Milán y a Carles Pedragosa Torres, que dan al público mucha diversión y risas constantes. Mención muy especial a Ruben Ametllé, este regidor convertido en actor a “última hora” que proporciona a la audiencia los momentos más hilarantes de la obra.

Una producción divertida de principio a fin que hace pasar un muy buen rato. Quizás hay momentos del relato que no acaban de saberse a donde van, pero es igual porqué es una hora y media de buenos momentos, entrega absoluta y una sonrisa alocada para hacer desaparecer, aunque sea un poco, nuestro drama.

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