La clemenza di Tito de Wolfgang Amadeus Mozart es una ópera de pasiones intensas, tejida entre amor, traición y perdón. La producción de David McVicar en el Festival d’Aix-en-Provence destaca por su fuerza visual y por un profundo retrato psicológico de los personajes. Al frente, el maestro Jordi Savall aporta una lectura de una elegancia y una profundidad poética excepcionales. Con una dirección transparente, incisiva y llena de colores, Savall revela toda la modernidad dramática de Mozart y reactiva la energía moral que atraviesa esta obra.
Sinopsis
Compuesta en solo seis semanas para la coronación de Leopoldo II en Praga en 1791, La clemenza di Tito presenta a un emperador solitario, herido por la traición de quienes lo rodean, pero capaz de responder con una clemencia que lo convierte en símbolo de una ética política superior. El contraste con la oscuridad manipuladora de Vitellia y con el tormento de Sesto, dividido entre lealtad y deseo, crea un drama de una intensidad excepcional.
La arquitectura musical acentúa su profundidad: las nobles arias de Tito se oponen a la agitación interior de Sesto —como la virtuosa Parto, parto— y a la tensión penitencial de Deh, per questo istante solo. Mozart oscila entre turbulencia y elevación, entre debilidad humana y fuerza moral.
Estrenada tres meses antes de la muerte del compositor, la ópera fascinó al siglo XIX y sigue siendo un milagro dramático en el que sexo, poder y ambición política se combinan con una apuesta radical por la misericordia. Con un reparto de primer nivel —Jack Swanson (Tito), Marianne Crebassa (Sesto) y Karine Deshayes (Vitellia)—, la lectura de McVicar emerge con una intensidad contemporánea que potencia el mensaje.
Si la Ilustración confía en la reconciliación, Mozart la sublima con una obra que eleva el perdón a fuerza transformadora. Un final luminoso y visionario que anticipa a Beethoven y consagra la última ópera seria de Mozart como un triunfo moral y teatral.

