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El jugador: La Ignífuga

El jugador: La Ignífuga

El jugador no ha venido aquí para jugar. El jugador forma parte de la comitiva que acompaña al presidente ruso en su gira europea y ha quedado atrapado en una ciudad balneario en la frontera entre Bélgica y Alemania. Bienvenidos a Roulettenburg, un balneario que de noche se transforma en un casino donde todas las nacionalidades europeas van a jugarse el alma. Gira la ruleta. El jugador está enamorado de Polina y no tiene donde caerse muerto. El jugador quiere que Polina le quiera, si hace falta, cubriéndola con monedas de oro. Gira y gira la ruleta. El jugador tiene que sufrir para ser feliz. El jugador tiene que apostárselo todo y perderlo todo para sentirse afortunado. La ruleta frena, se para. Cero. «¿Por qué apuestas, jugador, si no tienes ni un céntimo y detestas el juego?» «Nosotros, los rusos, os entendemos; pero vosotros, los europeos sois demasiado limitados para entendernos: juego para explorar la dimensión del abismo… Juego para querer la vida.»

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