ENTREVISTA

Vero Cendoya: "La cicatrización es una colaboración perfecta entre sistemas del cuerpo"

Sara Esteller Cagigal

Cicatrices, manchas y arrugas son marcas de la piel, del cuerpo, que reflejan el paso del tiempo y las experiencias vividas. Vero Cendoya las pone en valor y las resignifica con un sentido poético y un aliento onírico a Kebo, la obra que ahora estrena en el Mercat de les Flors.

Ha sido un intenso proceso de investigación, mesa y escritura llevado a cabo junto con Israel Solà, director de La Calórica, y que ahora culmina con esta prenda con aroma japonés. Kebo es el nombre del pincel que se utiliza en la kintsugi, técnica de reparación cerámica con resina y polvo de metales preciosos que revaloriza las piezas. Del mismo modo, nuestras marcas nos hacen más valiosos como personas, una idea muy distinta a lo que indica la sociedad de consumo, sólo centrada en lo nuevo, joven y rápido.

El espectáculo es la segunda parte de una trilogía que empezó con Bogumer, pieza de calle de 2021, y que concluirá con una creación que se estrenará en el Teatre Nacional de Catalunya. La coreógrafa, bailarina e ilustradora cuenta de nuevo con música en directo y un elenco diverso. Desde hace 16 años Vero Cendoya y su equipo trabajan por la plena inclusión de personas con capacidades diversas en el panorama profesional y en los escenarios.

Teatro Barcelona: Como segunda parte de una trilogía sobre las cicatrices, ¿cómo se refleja la continuidad con Bogumer?

Vero Cendoya: En la primera me centré en la necesidad del colectivo para superar heridas porque la cicatrización es una perfecta colaboración entre sistemas del cuerpo. La danza era más grupal, tribal, mientras que en ella me he fijado en el proceso de cicatrización para crear material de danza, por eso nos hemos apoyado en la técnica kintsugi para enfocar la dramaturgia.

Tus piezas unen danza y teatro, ¿cómo se equilibran Kebo ?

Hay textos, pero ésta es una pieza muy bailada y con humor; tiene una estética en parte minimalista, pero con muchas referencias estéticas.

Cuentas con siete intérpretes, ¿cómo es éste el elenco? ¿Son todos actores y bailarines?

Participa la compositora y música Adele Madau, pero el resto son bailarines. Dos de ellos son muy jóvenes y tienen síndrome de Down, por lo que no están tan formados en danza pero son muy buenos intérpretes. Jem Prenafeta lleva ya 7 de sus 14 años trabajando en diversas producciones de la compañía. Con Carla Ramos, que tiene 19 años, es la primera vez que trabajo. Encontrarla costó mucho porque, dado que estos grupos no tienen tanto acceso a la formación y al circuito profesional de los castings, tienes que ir tú a buscarlos o hacerlo a través de gente conocida. Me dijeron que era muy buena y vino al casting. En la compañía trabajamos habitualmente con personas con diversidad como Mica Oxey o Laia Martí.

La mayoría de los intérpretes trabajan contigo por primera vez, ¿cómo encajan unos con otros?

Excepto Adele, Jem y Aran el resto son nuevos. Hice un casting del que salieron Hannah Zwaans, qué es de los Países Bajos; Antoine Normand es francés y Luciana Croatto es argentina, todos tienen backgrounds muy diferentes. Luciana, por ejemplo, era bailarina de clásico pero sufrió un accidente por lo que la cuestión de las cicatrices le toca de cerca. Ha sido muy generosa compartiendo su historia en la prenda. Toda esta confluencia de orígenes, de capacidades, no es fácil, pero ha sido bonito y muy interesante como todo el mundo ha circulado por el mismo raíl.

Aparte de la base conceptual y la estética japonesa, ¿en qué otros referentes artísticos te has inspirado?

Siempre saco ideas de fuentes diversas aunque lo que sale en el escenario es otra cosa muy distinta. En esta ocasión me ha inspirado, por ejemplo, la última película de Yorgos Lanthimos, Poor things. El espectáculo tiene algo de pequeño cuento que podría ser mucho Lhanthimos. También me inspira Inbal Pinto, coreógrafa israelí con la que trabajé hace años. Tiene una parte muy onírica, especial, así como una vertiente performativa. Ella, como yo, también pinta, y cuando yo estaba allí teníamos muchas similitudes, bailábamos y pintábamos, y aprendí mucho de ella. Yo he acabado sacando al escenario aspectos que aparecen en mis cuadros, en vez de separar artes, he tratado de juntarlas.

¿Podrías sintetizar de algún modo la propuesta de Kebo?

Hay frase de Isra en el texto (aún no sé si saldrá al espectáculo): “yo quería dejar mi huella en el mundo y el mundo la dejó en mi cuerpo”. Es algo esto.

¿Cuántas cicatrices tienes?

Un montón… he tenido tres operaciones, en la rodilla, el hombro,.. así que tengo unas cuantas. En el espectáculo hemos hecho repaso, no sólo de cicatrices, también de manchas de nacimiento, de arrugas, de todas las marcas que el paso del tiempo, la vida, dejan en la piel.

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Escrito por
Sara Esteller Cagigal

Licenciada en Periodismo y diplomada en Gestión de Artes Escénicas, ha desarrollado gran parte de su carrera profesional en el ámbito de la memoria oral, la cultura y la danza. Ha trabajado en gabinetes de comunicación, institucionales y artísticos y en numerosos proyectos propios. Ha sido redactora y crítica de danza en revistas especializadas y directora editorial de publicaciones informativas y promocionales por diferentes instituciones.

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