Última semana de la Hiroshima, la sala cierra sus puertas para siempre

Ruben Garcia

El 12 de noviembre será el último día de la Sala Hiroshima. La sala del Poble Sec, uno de los pocos espacios de creación de danza contemporánea de la ciudad, cerrará puertas por diferentes razones como los cierres culturales provocados por la pandemia, por las pocas ayudas públicas que recibía el singular proyecto y también porque la propiedad del inmueble necesita recuperar el local para darle una mayor rentabilidad.

La sala Hiroshima ha sido desde 2015, año de su nacimiento, un proyecto independiente dedicado a la difusión y promoción de las nuevas tendencias en artes escénicas, la danza contemporánea y la música en vivo. Durante estos años se ha convertido en un referente en la ciudad para la escena emergente nacional e internacional más arriesgada. Por su escenario han pasado más de 300 compañías de 35 países diferentes, han pasado nombre como Marlen Monteiro, Saina Ashbee, Chiara Bersani y Clara Furey o se han consolidado talentos locales como Núria Guiu, Aina Alegre o Pol Jiménez.

Gastón Core, bailarín, actor y gestor cultural argentino, ha sido desde el principio su impulsor y director artístico. Ubicada en el barrio de Poble Sec, en la calle Vila y villano número 65, la Hiroshima ha ocupado los bajos de un edificio de 1910, donde había antiguamente una fábrica de ascensores, conservando el carácter industrial de la arquitectura original gracias a un trabajo de reforma cuidadoso.

El útimo espectáculo

La sala cerrará sus puertas con The Very Last Northern White Rino, un espectáculo creado por el propio Core que está interpretada por el bailarín de danza urbana Oulouy.

Mediante la máxima sencillez estética y partiendo de las danzas urbanas, este solo coreográfico se pregunta sobre la posibilidad de la felicidad frente al caos del mundo.

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