Aristóteles entendía el alma como un principio vital que, al morir, se desvanece; en cambio, Platón la consideraba una esencia divina y eterna. En la novela La meitat de l’ànima, Carme Riera utiliza este concepto para referirse a una identidad construida a través de la memoria, los recuerdos, la búsqueda de los orígenes y la aceptación de la propia historia personal y familiar. Así pues, si no recuerdas de dónde vienes ni a los familiares que te han precedido, quizá te falte “la mitad del alma”.

Este fascinante thriller histórico, ganador del Premi Sant Jordi en 2003, llegará a la Sala Àtrium 23 años más tarde bajo la dirección de Magda Puyo, con las interpretaciones de Mercè Arànega y Antònia Jaume. “Teníamos ganas de volver a trabajar juntas”, constata Puyo.
“No podemos ser nada si no sabemos quiénes somos”
Sin embargo, La meitat de l’ànima no podría detenerse en el teatro sin la cuidada adaptación del texto de Ramon Simó. Serán las voces de Arànega y Jaume las que interpelarán al público para descubrir la verdad de la protagonista, de la que solo conocemos la inicial: “C”. Una historia aparentemente personal que pasará a ser colectiva. “No podemos ser nada si no sabemos quiénes somos”, subraya Simó en referencia al relato de Carme Riera.
Magda Puyo se declara fan de las series de detectives: oficinas llenas de post-its, cartas, hilos entrelazados con chinchetas clavadas en los rostros de los sospechosos… Así hay que imaginarse el misterio familiar e histórico de “C”, que se irá desgranando a lo largo de la obra. Con una diferencia respecto a las series más convencionales: aquí los sospechosos son espías franquistas, exiliados de la República o figuras como Santiago Carrillo o Dolores Ibárruri, conocida como la Pasionaria.

Como todo buen thriller, la obra también necesita una banda sonora propia. Por eso Joan Alavedra ha diseñado un espacio sonoro capaz de acompañar el relato y ayudar al espectador a conectar con los distintos escenarios que se exponen.
La meitat de l’ànima genera, además, una confusión permanente entre realidad y ficción, y alterna momentos divertidos con otros más conmovedores. Quienes en su momento leyeron la novela tendrán la oportunidad de revisitarla desde un enfoque particular. En cualquier caso, el objetivo de esta obra, que llegará a la Sala Àtrium a partir de mayo, es reexplicar una historia que, tal como afirma Ramon Simó, evidencia que “sin memoria no somos nada, ni como individuos ni como comunidad”.
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