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Montse Rodríguez: "Poner en escena un texto es como pintar una obra"

12 Desembre 2018
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Redacción: Iván F. Mula / @ivanfmula

Licenciada en interpretación por el Institut del Teatre, hace tiempo que Montse Rodríguez empezó a sonar como una de las directoras más interesantes del nuevo panorama teatral. Después de dirigir Ricard de 3r de Gerard Guix y Caixes de Marc Artigau, ha estrenado A.K.A. de Daniel J. Meyer, una de las revelaciones de crítica y público de la temporada. Ganadora de tres Premios Teatre Barcelona y cuatro Premios Butaca, incluyendo el de mejor dirección en ambos casos, esta producción de la Sala Flyhard se podrá ver ahora en el Teatre Lliure y, posteriormente, en La Villarroel.

MONTSE RODRÍGUEZ: Cuando acabé de leer el texto de Dani, me quedé con un nudo en el estómago. Me di cuenta enseguida de que no sólo me había tocado emocionalmente sino que, además, sentía ganas de aportarle alguna cosa como directora. Él había puesto en palabras algo de lo que yo también quería hablar.

TEATRE BARCELONA: ¿Cómo habéis recibido la buena acogida del público, la crítica y los premios que os han dado?

No esperábamos nada de todo lo que ha pasado. Para empezar, porque no sabíamos ni dónde la estrenaríamos, cuando iniciamos el proyecto. Recuerdo que un grupo de programadores del Festival Zero vinieron a ver un ensayo. Yo estaba histérica porque no sabía si les gustaría. ¡Y les encantó! A partir de entonces, desaparecieron los nervios y las inseguridades, estrenamos en la Flyhard y todo ya fue rodando de forma muy natural. Igualmente, en ningún momento habíamos imaginado que podíamos llegar a estar nominados a ningún premio.

Sin embargo, incluso habéis ganado unos cuántos…

Para mí, como directora, sólo el hecho de estar nominada con otros profesionales tan importantes que son referentes y a los que admiro ya era un premio en si mismo. Pero ganarlos fue llegar a una dimensión totalmente inesperada. Al día siguiente, estás en todas partes. En ese sentido, estamos muy agradecidos tanto a Teatre Barcelona como a los Premios Butaca por situarnos en el mapa. Gracias a eso, compañeros nos han empezado a tener en cuenta y también el público se ha interesado en venir a ver el espectáculo. Si pienso en cómo empezamos y dónde estamos ahora, todavía no me lo acabo de creer.

¿Ser actriz te da herramientas para ser una mejor directora?

Creo que me ayuda a la hora de trabajar con los actores. Por ejemplo, para encontrar la mejor manera de explicarles aquello que estoy pensando y poder hacer juntos el camino de construcción del personaje, diciendo las cosas desde las emociones.

¿Cómo diste el paso de actriz a directora?

Fue casual. No era una aspiración que tuviera pero se dio la posibilidad y me atreví a probar con Punxes a la sorra. Me gustó mucho la experiencia y continué haciéndolo. De repente, me di cuenta de que mi creatividad no se limitaba sólo a poner cuerpo y voz a un personaje sino que también podía construir desde fuera. Dar color. Yo pinto fatal y dibujo peor. Me encantaría saber hacerlo. Para mí, de alguna manera, poner en escena un texto es como pintar una obra.

¿Cómo de importante ha sido dirigir Ricard de 3r en tu trayectoria?

Muy importante. En parte, me abrió las puertas de la Flyhard que nos programaron después de que vieran la obra en la Villarroel. No sólo eso sino que, después, me ofrecieron dirigir Caixes y, finalmente, han producido A.K.A. Ha sido a partir de Ricard de 3r que mi faceta de directora ha tenido más constancia y reconocimiento.

Con A.K.A. vuelves a dirigir un monólogo teatral. ¿Qué ventajas y dificultades le encuentras a este formato?

Lo más positivo es que me puedo dedicar exclusivamente a uno de los personajes, encontrarle todas las caras y trabajar cien por cien con el actor. La parte más difícil es que, si te encallas en algún lugar de su recorrido, entras en crisis. Si tienes tres o cuatro personajes, puedes aparcar el problema y continuar con otras escenas. Con un solo actor, esto no lo puedes hacer. Pero, el balance, es siempre muy satisfactorio. A veces, pienso que, cuando vuelva a dirigir algún montaje con varios personajes, tengo que encontrar la manera de dedicarme tanto en todos los actores como cuando dirijo un monólogo. Pero, evidentemente, eso es muy difícil.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con Albert Salazar, el protagonista de A.K.A.?

Puede sonar un poco ingenuo pero, para mí, lo más importante para trabajar con un actor es que sea buena persona para poderme relacionar con él. Y Albert lo es. Me gusta crear equipo. Hasta ahora, pienso que esto lo he sabido hacer bien. De hecho, el piropo más bonito que me han hecho hasta ahora tanto con A.K.A. cómo con Ricard de 3r es que se veía que el trabajo estaba hecho en grupo. En concreto, Albert me lo ha puesto muy fácil porque se ha entregado completamente. Es un actor que no juzga lo que le propones, aunque sea una tontería (en la sala de ensayo se prueban cosas muy extrañas, a veces). Él prueba todo lo que le digas y, en algunos casos, lo lleva todavía más allá. Hemos construido muchas cosas juntos.

A.K.A. está consiguiendo atraer a un público joven poco habitual en las plateas de la ciudad. ¿Por qué crees que los adolescentes van tan poco al teatro?

El adolescente es un adulto con menos experiencia y, por lo tanto, no se lo puede tratar como a un niño pero, a la vez, hay quizás muchas temáticas del teatro que se hace, en general, que, seguramente, no le interesan. Por un lado, tendríamos que replantearnos el tipo de obras a las que llevamos a los jóvenes cuando van con el instituto. Está muy bien que conozcan el Siglo de Oro pero quizás tendrían que ir a ver propuestas con las que se sientan identificados e interpelados. Seguro que también hay aspectos económicos pero, por otro lado, van a conciertos y discotecas. Por lo tanto, creo que, mayoritariamente, la responsabilidad es del sector y de las temáticas que se programan.

El racismo y la xenofobia son algunos de los temas, entre otros, presentes en la obra. ¿Sientes que el auge de la ultraderecha y el aumento de los discursos de odio está haciendo que un espectáculo como A.K.A. sea ahora todavía más necesario?

Después del atentado terrorista en Barcelona, mucha gente se quitó la máscara. Me quedé muy sorprendida. Parecía que todos hubiéramos adoptado una posición de no racismo para quedar bien pero que no era real. Aquello me dio miedo. Y, justamente, pienso que el miedo es lo que les está haciendo ganar otra vez. Los atentados de Barcelona nos hicieron revisar la obra porque, de repente, las circunstancias le daban una nueva dimensión. Pero lo cierto es que, finalmente, no cambiamos nada. Al contrario, nos hizo pensar que quizás ahora era el mejor momento para hacerla.

Os gusta hacer coloquios post-función. ¿Qué inquietudes os habéis encontrado en vuestros espectadores después de ver la obra?

Mayoritariamente, nos hablan sobre la adolescencia y sobre la problemática que el protagonista, en concreto, sufre y la consecución de todo lo que le ocurre al final de la obra. En cambio, no nos hablan demasiado de racismo. También padres y madres adoptantes nos han dado las gracias por ayudarlos a tener una excusa para poder hablar con sus hijos a través de la obra del hecho de ser adoptados y de cómo lo viven.

Por el hecho de ser una mujer directora, ¿sientes que has tenido más dificultades o has sufrido algún tipo de discriminación?

Como soy una directora muy reciente y vengo de trabajar en grupos muy pequeños, yo ya, directamente, no podía acceder a ciertos lugares o era ignorada, no sólo por ser mujer, sino también porque no era conocida. Si lo miramos globalmente, el hecho de que haya tan pocas mujeres en dirección y otras tareas de responsabilidad del entramado teatral me resulta preocupante. En mi caso, sin embargo, me he encontrado más dificultades por el hecho de formar parte de producciones independientes que por ser mujer. En cualquier caso, ahora, afortunadamente, parece que está cambiando la mentalidad y quizás se nos escuchará más a las mujeres por el hecho de serlo, cosa que está muy bien que sea así.

¿Existe el llamado tapón generacional?

Yo creo que sí. Ha habido una generación que ha tenido éxito y lo ha mantenido, continuando siempre en la cima, fueran mejores o peores sus producciones. Esto ha hecho que a las generaciones de abajo nos cueste más acceder en ciertos espacios porque, justamente, ya estaba todo repartido. Por otro lado, la generación que sube lo hace ahora con mucha fuerza. Nosotros nos hemos quedado como una generación del medio que ha ido haciendo cosas pero sin reivindicar mucho. En cambio, los jóvenes ahora son mucho más luchadores y gracias a su empuje, se van abriendo huecos para todos.

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