Marc Chornet: "La compañía es la gran seña del teatro catalán por encima de la autoría"

Manuel P. Muñoz

Después de medio año de reforma, el edificio de la Seca del Born inició en diciembre una nueva etapa al cargo de la Fundació Joan Brossa, ya sin Hausson y el antiguo equipo gestor que fundó el Brossa Espai Escènic en 1997. El rebautizado como Centro de las Artes Libres combina los espacios expositivos y la actividad teatral. Marc Chornet repite como responsable de un escenario que apuesta por la investigación y el apoyo al sector mediante una programación de inspiración brossiana, en el sentido amplio del término.

Marco Chornet. Imagen: David Oliete (fetatarragona.cat)

Empezáis nuevo proyecto escénico en el edificio de La Seca, y eres el nexo de unión, porque también dirigiste la última etapa del anterior equipo. ¿Cómo has vivido el cambio?

Me llevo en la mochila el trato con las compañías y artistas, porque el mayor trabajo es haber intentado entender qué necesitaban y ponerme a su lado para generar espacios de diálogo y confianza. Creo que esto es lo que nos permite abrir el nuevo espacio y de alguna manera aprovechar las energías antiguas. El cambio ha sido un proceso convulso, porque nos ha cogido de por medio una pandemia y hemos hecho la programación con muchas incertidumbres administrativas. Ha sido pesado.

¿Qué ofreceis de nuevo?

Hay un concepto nuevo que queremos presentar, y detrás de esta nueva forma hay unas actitudes nuevas. No sale del cero este espacio que ocupa la totalidad del edificio de La Seca, se trata de un proyecto que ha sido pensado y soñado durante muchos años por mucha gente, y que ahora nosotros tenemos la obligación y la suerte de gestionar .

El cambio de gestores no ha sido muy plácido…

El propio Hermann Bonnín, como fundador del antiguo Espai Brossa, dijo que la Fundación debería ser el punto de confluencia para generar un edificio que estuviera dedicado a la figura de Brossa. La gente de la Fundació toma ahora el liderazgo porque muchos caminos apuntaban hacia aquí. El Centro de las Artes Libres es el resultado de la unión de trayectorias y anhelos.

Imágenes de la sala principal en su anterior etapa como Escenari Joan Brossa

Abrió en diciembre con la intención de que la figura de Brossa sea central en la programación. ¿Cómo lo harás?

Hay un trabajo más consciente de explicar los contenidos de otra forma, con itinerarios y, a partir de esta realidad, ver qué quieren programar. Debemos respetar la tensión entre difundir el legado de Brossa, el apoyo de la creación contemporánea multidisciplinar y la atención del público. Y el hecho de haber abierto en pandemia nos da permiso para tomarnos un año de prueba y error, para ver realmente lo que debemos quedar y lo que debemos cambiar.

En algún sitio te he oído decir que había que pasar el testimonio del legado de Brossa de sus amigos a las nuevas generaciones.

Cuando llegué a La Seca los observadores de las esencias brossianas eran amigos directos de Brossa. Yo no busco Brossa en tanto que persona, ni la he conocido ni me interesa, pero tengo interés en su obra. La transición generacional se ha producido de forma natural. Hemos empezado a entender a Brossa como un clásico y no como un amigo cuya obra debe conservarse. Este salto lo tenía que dar la Fundació y el Escenari Brossa. Más que la propia obra de Brossa, se trata de trabajar su actitud poética y teatral. Esta actitud es muy interesante para una compañía independiente que intenta encontrar su propio lenguaje.

Pirates Teatre, una compañía vinculada al legado escénico de Joan Brossa

¿Crees que la obra de Brossa tiene una continuidad en las compañías de nuestros días?

Yo creo que debe fomentarse sin obsesionarnos con ella. Creo que a la hora de pedir encargos o de intentar que una compañía se vincule con Brossa debemos hacerlo de una forma natural. Por eso creo que era lógico que Els Pirates inauguraran la programación, porque son una compañía en la que Brossa es un dramaturgo posible. Hablamos de un autor que es innovador y antiguo a la vez, y esto es un follón conceptual. Brossa puede considerarse como un precursor de la performance que llega más tarde, porque él está especulando con un teatro de acción y no un puramente de palabra. Debemos plantar la semilla porque de repente para algún artista, director, dramaturgo o compañía Brossa puede llegar a ser un elemento por crecer. Tengo la confianza de que el vínculo entre las compañías y Brossa llegará de forma natural. Fomentar sin forzar.

¿Qué espacio ocupará el Centre de les Arts Lliures en el ecosistema de salas de Barcelona?

Dentro de un mapa de complementariedad donde se encuentra, por ejemplo, la Sala Beckett –que claramente trabaja un teatro textual de cierta inspiración Benet y Jornet–, nosotros deberíamos ocupar otro lugar. Más que el espacio de la historia narrada, deberíamos ser el escenario de la vivencia, de la metáfora, del teatro que se sirve de la palabra pero no sólo de la palabra, también de la acción, de la imagen. Todas estas inspiraciones brossianas pueden ayudarnos a definirnos, a conectar con un teatro catalán que es genuinamente nuestro.

Uno de los espacios expositivos del Centre de les Arts Lliures

¿La tradición del teatro visual es más propia del teatro catalán?

Todo el mundo que escriba en catalán evidentemente hace teatro catalán. Sin embargo, si hacemos un recorrido por el siglo XX, acaban siendo mucho más trascendentes en referencia al teatro catalán las vanguardias que arrastraban la Fura dels Baus o Comediants, por ejemplo, un teatro que exportamos al mundo. La compañía es la gran seña del teatro catalán por encima de la autoría textual. Desde la Fundación trabajaremos por un sector independiente y proyectos de pequeño formato, por una tradición mediterránea, lúdica, visual y alegre, que no es anglosajona ni germánica, no es ni folclórica ni nostálgica, es decir, una tradición que nos es útil para proyectarnos en la escena contemporánea, porque es propia.

¿Cómo ha cambiado tu relación con Brossa?

Pues mira, de no saber absolutamente nada que pensar que es un clásico. Si pensamos en dramaturgia francesa, el clasicismo está muy claro. Pero si pensamos en dramaturgia catalana, ¿cuál es nuestro clasicismo? Es complicado. Según Xavier Albertí sería Pitarra, otros piensan que sería Guimerà, quien hace una especie de neo-romanticismo muy tardío, más un intento de ser dramaturgia nacional que una realidad. Nos estamos construyendo y, sin querer resolver el conflicto, puedo defender, por el simple hecho de aumentar el debate, que Brossa es uno de nuestros posibles clásicos. Y quizá la gran dramaturgia catalana nacional tenga que ver con Brossa, Carles Santos, la Fura dels Baus y Els Joglars. Deberíamos ponernos esta duda para poder trabajar y fomentar cosas desde la perspectiva de libertad y mezcla de disciplinas que propone Brossa.

Apuesta por el modelo de fábrica de creación con una inversión del 10% en investigación.

La Seca es un edificio que se ha remodelado y rehabilitado por ser un espacio de exhibición, tanto de exposiciones como de teatro. Por tanto, tenemos anomalías como fábrica de creación, y es que nuestros espacios están orientados a la exhibición. Debemos imaginar cómo articulamos los espacios de creación para las compañías. Invertimos en investigación el 10% del presupuesto, hacemos convocatorias públicas para formar nuestro programa, y ​​antes de abrir he tenido que crear sinergias y buscar aliados como la Nau Ivanow y la Central del Circ, donde hay espacios para ensayar y podemos complementarnos.

Maria Canelles comparte dirección con Marc Chornet. Imagen: Francesc Melcion (Diari Ara)

Tiene una dirección colegiada entre el espacio escénico y el expositivo. ¿Cómo funciona?

Con Maria Canelles, que es la directora de artes visuales, estamos generando un equipo y nos editamos unos a otros. Tienes que estar en diálogo permanente con otras miradas y es una riqueza en el modelo de gestión. Se trabaja más cómodo. Magda Puyo dijo que el siglo XXI será el siglo de los equipos, no de los liderazgos.

También apuesta por porcentajes de taquilla más justos, 70% para la compañía y 30 para sala.

Debemos intentar fomentar una actitud de responsabilidad hacia el sector, y, si es necesario, realizar menos actividad y mejor pagada. Debemos ser muy cuidadosos con las compañías y evitar la precarización. Cuando las compañías estrenan aquí, en general, les hemos realizado algún tipo de colaboración, coproducción o apoyo. Debemos intentar que los procesos sean lo menos precarios posible. Y esto dicho con la boca pequeña, porque tendré que comer la palabra cincuenta veces. Pero, como mínimo, debemos intentarlo.

Integrantes de Projecte Ingenu en una imagen de la adaptación de la obra ‘Bodas de sangre’, en el Teatre Poliorama

¿Sigues con la idea de no programar aquí el Projecte Ingenu, tu compañía?

Yo no te digo que dentro de dos años, si todavía estoy aquí, podamos hacerlo. Por no ahora, porque Projecte Ingenu es una compañía que ha tenido que picar mucha piedra para encontrar recursos económicos. Nos ha costado llegar a ciertos sitios y mantener una cierta independencia estética y empresarial. Por eso, mi experiencia como creador independiente nunca acaba de entrar en los circuitos institucionales.

Tampoco es el caso de que a Projecte Ingenu le falten proyectos…

Acabamos de viajar a Chile a hacer bolos de La ruta de la palta. La internacionalización creo que es una obligación que deberíamos tener como sector teatral catalán, porque somos muy pequeños, tenemos un mercado muy pequeño y debemos proyectarnos. También estoy muy contento de estar en la próxima Fira Tàrrega con un nuevo proyecto, y de haber llenado el Poliorama en agosto con Bodas de sangre.

‘La ruta de la Palta’ de Projecte Ingenu durante su última estancia en el Tantarantana

¿Ha conseguido en Projecte Ingenu salir de la zona de precariedad?

Nuestros actores cobran ensayos y bolos como marca el convenio o, si podemos, más. No hay que hacerse trampas en el solitario, los sueldos del sector escénico son para vivir justitos. Nosotros no estamos precarios en relación con el sector, si tú quieres, pero estamos en precarios en relación con la sociedad. Para dedicarse a este trabajo se necesitan muchas ganas.

Por qué una compañía como Projecte Ingenu, con casi diez años de trayectoria, ¿todavía no ha pasado por los teatros públicos?

Es raro, y no sé encontrar respuesta, aunque lo he pensado mucho. Quizás porque estéticamente hacemos más experimentación, más investigación. Todo el mundo ha tenido pequeñas oportunidades. Nosotros básicamente, salvo una participación en el Festival Grec, una coproducción con Focus, nada. Somos un país muy pequeño y deberíamos expandirnos mentalmente. Hay determinadas figuras que están siempre ocupando los mismos sitios, y el objetivo único de vender entradas ha estado demasiado presente en las instituciones públicas. Se debe romper la baraja, no podemos estar sólo pendientes de la taquilla.

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