La Sala Atrium estrena una versión musical de la 'Infanticida' de Caterina Albert

Redacció

Del 22 de enero al 2 de febrero, la Sala Atrium acoge el espectáculo Infanticida, la adaptación de todo un clásico de la literatura catalana que cuenta con un equipo de lujo para acercar en nuestros días la voz de Caterina Albert, una autora excepcional, exponente del modernismo literario catalán.

Neus Pàmies y Gerard Marsal interpretan el texto y la música en directo en la obra dirigida por Marc Angelet donde grandes nombres propios de la escena teatral catalana como Marc Rosich  firma la adaptación y dramaturgia; y donde la composición musical es a cargo de Clara Peya. Se trata de un espectáculo en forma de monólogo musical donde la voz de una mujer nos narra el capítulo más duro y cruel de su vida. Una situación límite bajo unas circunstancias opresoras que han empujado a Nela, protagonista de esta historia, a cometer un crimen terrible: el asesinato de su propio hijo.

Caterina Albert nos muestra a Nela como una mujer valiente y apasionada, una mujer que se enfrenta a todo aquello que la rodea por el anhelo de libertad, por el deseo de encontrar una manera propia de ser, por la necesidad de enamorarse y alienarse de su propia realidad. Albert rompió con un mito irreducible hasta el momento: el instinto maternal. La autora cuestionaba así dogmas preestablecidos sobre la función de la mujer en la sociedad presentándola cómo uno ser salvaje y apasionado en oposición al ser débil y tierno «por naturaleza» que había jugado hasta ahora el rol femenino.

La misma compañía explica así porque han decidido llevar a escena este texto:

‘Alzar la voz de Caterina Albert hoy nos parece más necesario que nunca. Hoy que nos damos cuenta de que los clichés femeninos y de feminidad siguen estando vigentes y que la condición femenina comporta todavía muchas limitaciones. Hoy que seguimos viviendo en una sociedad represora y castradora de las libertades más básicas. Alzar su voz hoy, nos parece un deber’, han explicado.

El monólogo tiene un contenido rítmico/musical propio, dado por la escritura en verso blanco (decasílabos) y esto les ha permitido aprovechar esta potencialidad para musicarlo entero, construir un relato musical completo y convertirlo en una estructura de una «ópera clásica», donde poder jugar con la alternancia de partes melódicas con fragmentos de recitativo o prosa musicada. La puesta en escena del espectáculo convierte a la Atrium en una sala de interrogatorios y los espectadores en espías que, a través del vidrio opaco, asisten al relato de la protagonista que nos explicará lo sucedido con la ayuda de flashbacks y saltos temporales.

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