Ein Volksfeind (Un enemic del poble)

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¿Transparencia o beneficio económico? El director Thomas Ostermeier busca con Un enemigo del pueblo de Henrik Ibsen, el compromiso político más allá del entretenimiento y lleva a escena una pieza fundamental del teatro europeo con música en vivo y la participación final del público.

Sinopsis

Si hablamos del imaginario de ficciones que han marcado la historia del continente europeo, no faltarán en la lista ni las obras del dramaturgo noruego Henrik Ibsen, ni, en particular, Un enemigo del pueblo, la obra que lleva a escena la Schaubühne Berlin dirigida por Thomas Ostermeier. Con un mensaje universal que va más allá de la historia estricta que cuenta, nos presenta al doctor Stockmann, un médico que descubre que las fuentes que alimentan la ciudad balnearia en la que vive están contaminadas por un patógeno causado por la industria y que, por lo tanto, unas aguas supuestamente medicinales se han convertido en tóxicas. Urge hacer público el asunto y buscar soluciones, pero las autoridades locales, lideradas por Peter, el hermano del doctor, no creen conveniente hacer emerger un problema que amenaza el bienestar económico de la población y, en consecuencia, apostarán por silenciar a un doctor que, progresivamente, quedará apartado de la comunidad. No, la cuestión ya no es la polución de las aguas, sino los males de una sociedad contaminada por la ambición y el dinero, el auténtico objeto de las críticas de Ibsen y de Ostermeier. ¿Qué papel puede tener la transparencia en una sociedad completamente entregada al beneficio comercial?

En esta versión, con dramaturgia de Florian Borchmeyer, el mundo que retrataba Ibsen está más cerca que nunca de nuestros tiempos, y hace emerger el deseo de grandes cambios que se ocultan bajo la aparente tranquilidad y equilibrio de la sociedad contemporánea. Músicos en vivo en el escenario acompañan una representación fascinante y estimulante en la que no faltan las guitarras eléctricas, las carreras por el escenario ni una pintura que chorrea por las paredes e, incluso, por encima de algunos de los intérpretes.

Firma la producción, creada en el 2012, pero aún plenamente vigente, la Schaubühne de Berlín, uno de los teatros más prestigiosos de Alemania que dirige desde 1999 Thomas Ostermeier. Nombrado officier des arts et des lettres por el ministerio francés de cultura, que lo promocionó al grado de commandeur en el 2015, Ostermeier obtuvo en el 2011 el León de Oro de la Bienal de Venecia por el conjunto de su obra. Considerado uno de los principales directores de su generación, es un gran renovador de los clásicos (desde Ibsen y Shakespeare hasta Chéjov y Strindberg, entre otros muchos), aunque también ha llevado a escena textos contemporáneos de autores como Fassbinder, Martin Crimp o Mark Ravenhill.

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