El personaje de Don Juan tiene una presencia arquetípica en el inconsciente colectivo de la cultura europea comparable sólo a otros pocos mitos literarios. Esto hace, por un lado, difícil aportar una visión diferente de esta figura y, por otro, resulta fácil caer en el estereotipo de seductor que todo el mundo tiene presente. En este caso, David Selvas ha conseguido salvar su propuesta de estas dos dificultades con un enfoque moderno de la tragicomedia de Molière, aproximando la poética del texto a un realismo dialéctico muy vistoso. Usando un hotel como escenario (idea no demasiado innovadora, por cierto), el montaje tiene una solidez admirable, sobre todo en su primera mitad, sostenida, básicamente, por la fuerza interpretativa de Julio Manrique. […]
Iván F. Mula
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