Rubèn Montañá y Toni Sans, fundadores de EGOS Teatre —compañía de reconocida y premiada trayectoria—, se hacen llamar también Els Marquesets. Bajo esta identidad escriben, interpretan y producen sus obras, algo que viven “como una especie de catarsis teatral autoasistida”. Entre sus últimas creaciones se encuentran Baby Boom!, un musical que parodia tanto las películas de abducciones extraterrestres como el cine de destape, y Exquisit, un thriller cargado de crítica social y humor negro sobre la posibilidad de vender la propia carne en lonchas a cambio de una cantidad indecente de dinero. Ahora, acompañados en escena por Alexandra González, estrenan Big Fake, una comedia de conflicto sobre el suicidio como gran tema ético y filosófico. En este caso, el humor —“sutil, puntualmente surrealista y naturalmente fúnebre”— les ayuda a “endulzar o hacer vibrar los temas serios de los que habla la obra” y a aligerar la contemplación del abismo.

La compañía retrata una sociedad que da la espalda “al favor divino o a la espiritualidad” para depositar todas sus esperanzas en la ciencia, sin tener en cuenta que la tan anhelada inmortalidad podría abocarnos a la “crudeza del aquí y ahora infinito” y, precisamente por ello, aún más trágico. Para escribir la pieza, Montañá y Sans se han nutrido del mito de Sísifo, tal y como lo reformuló Albert Camus —de hecho, subtitulan la pieza como “Los Sísifos modernos”, emulando el gesto de Mary Shelley con Frankenstein o el moderno Prometeo—, y de otros referentes filosóficos, literarios y cinematográficos, pero también, o sobre todo, de sus propias intuiciones y reflexiones.
Tres personajes al límite y tres maneras de enfrentarse al absurdo
Tres personajes solitarios y desesperados —“viven pensando en la muerte, se mueren por vivir y tienen tanto miedo de morir como de seguir viviendo”— ven cómo, a causa del entrelazamiento azaroso de sus peripecias, se les concede una tregua o prórroga, digamos existencial, en cuyo transcurso tratarán de “justificar su paso por esta vida” y encontrarle un sentido. Las distintas maneras que tienen de afrontar la amenaza del olvido se corresponden con tres posturas diferenciadas e irreconciliables: está quien pretende vencer a la muerte —confiando en la solución que pueda ofrecer la ciencia—, quien aspira a trascenderla —a través del éxito, el legado o la procreación— y quien la acepta, abrazando el absurdo de la existencia para vivir con plenitud el presente.

La pieza es pródiga en espejismos y giros, y no siempre plantea el suicidio de manera literal: también hay tentativas más simbólicas y otras que son “un puro fake”. En cualquier caso, para Els Marquesets compartir el dolor y la falta de respuestas en el teatro es la mejor manera de hacer frente a la incertidumbre vital. Con esta obra quieren crear un espacio de comunión con el público donde poder relativizar, con inteligencia y sentido del humor, una inquietud, una angustia constitutivamente humanas.
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