¿Qué significa tener un hermano? Compartir recuerdos, competir por la atención de los padres, conocer los puntos débiles del otro y, al mismo tiempo, saber cómo sostenerlo cuando hace falta. Este es el punto de partida de El meu germà, la nueva producción de El Maldà, escrita y dirigida por Marc Artigau, que podrá verse del 4 de junio al 12 de julio. La pieza habla de los vínculos familiares a través de una comedia con música, humor y complicidad escénica.

El espectáculo nace de un encargo concreto: crear una pieza sobre hermanos con dos intérpretes que también lo son fuera del escenario. Ahora bien, Artigau huye de la autoficción y plantea una obra que pueda funcionar más allá de ese dato biográfico. “El espectáculo no va hacia la autoficción, tan solo es una historia de hermanos, es un espectáculo en el que no hace falta que sepas que son hermanos en la realidad”, ha explicado el dramaturgo y director.
Una comedia con aires de cabaret
El meu germà se despliega como una sucesión de situaciones, juegos y escenas breves alrededor de la fraternidad. El montaje bebe del espíritu del cabaret y combina distintos lenguajes escénicos, desde la música y la canción hasta el cuento o el poema. En este recorrido también aparece un relato extraído de El millor dels mons, de Quim Monzó. “Lo que verá el espectador son 19 escenas que pasan por bailar, cantar, ahora un cuento, un poema, a partir de la idea de tener hermanos o no tenerlos, de ser el pequeño, el mediano o el mayor, hablamos de las familias, es una feel good comedy”, comenta el autor.

La pieza plantea preguntas aparentemente sencillas pero cargadas de memoria: ¿qué cambia si eres hijo único? ¿Qué implica ser el hermano mayor? ¿Y el pequeño? ¿Se vive igual tener un hermano a los cinco años que a los sesenta y cinco? A partir de ahí, la obra aborda las relaciones familiares desde las posiciones que cada uno ocupa dentro de una casa y desde los códigos que se construyen con el paso del tiempo.
Hermanos dentro y fuera de escena
La relación entre los hermanos atraviesa el proceso de creación, aunque el montaje no se limita a explicar su historia personal. Según ha explicado Llorenç González, “la obra funciona más allá de si los actores son hermanos o no, pero obviamente el hecho de que la hayamos creado nosotros como hermanos, la complicidad, los códigos de la consanguinidad, están ahí y tienen una relevancia en el espectáculo”. Artigau ha trabajado a partir de preguntas, recuerdos y materiales generados con los dos actores, que también firman la composición musical del espectáculo.

A partir de estos materiales, Artigau construye una comedia sobre la familia, los recuerdos y las posiciones que cada uno ocupa dentro de una casa: ser hijo único, ser el hermano mayor, ser el pequeño o crecer con alguien que comparte una parte de la misma historia. En escena, los hermanos bailan, cantan, discuten y juegan con el público para hablar de un vínculo cotidiano, lleno de códigos propios y a menudo difícil de definir.
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