UNA VOZ DE REFERENCIA

Sergi Belbel sigue jugando

El autor y director estrena 'El casalot' en el Teatre Gaudí, coescribe 'La torradora' con Roc Esquius para la Sala Versus Glòries y se inventa un nuevo formato en 'SuperSàpiens'

Este invierno, para Sergi Belbel, no está teñido de grandes salas, sino de espacios diversos. Comenzó la temporada dirigiendo Supersàpiens, una obra inmersiva que combina teatro, tecnología, artes digitales y exposición y que finalizará funciones por Navidad. Le seguirá La torradora, coescrita con Roc Esquius —autor también de la primera— en la sala Versus Glòries, con el objetivo de repetir el éxito de Angle mort, comedia que ha disfrutado de una acogida enorme. Esto será a mediados de diciembre. Y arrancará 2026 con una pieza que ha escrito y dirigirá El casalot, en el Teatre Gaudí, que promete ser la clave de bóveda que permita dar miedo en un teatro.

Espacios alternativos y nuevas experiencias. “Yo lo era, de underground”, ríe Belbel mientras recuerda que, a finales de los años ochenta del siglo pasado, fue uno de quienes pintaron las paredes del Teatro Fronterizo, germen de la Sala Beckett, cuando abrió en Gràcia. Que pase el invierno en espacios de pequeño formato, dice, no es en absoluto extraño. Tanto La torradora como El casalot son fruto de las relaciones que ha tejido a lo largo de los años y de las ganas que tiene de seguir jugando, algo que hace de verdad tanto en el teatro como en el laboratorio Peripècies que coordina en la Sala Beckett. El montaje de la Versus Glòries proviene de la demanda de la sala de intentar repetir la buena acogida de Angle mort, con un reparto similar: repiten Antonio del Valle y Ramon Godino, y se incorpora Laura Pau.

‘La torradora’

Belbel y Esquius forman un tándem en vías de consolidación. La torradora es la segunda pieza que escriben juntos, ahora sobre el electrodoméstico “inteligente” que da título a la obra y que aparece de repente en la vida de uno de los personajes. “Es una comedia-comedia con nuestras neuras”, confiesa Belbel, que ha dirigido tres montajes de su antiguo discípulo.

«El terror es algo que tenía muy pendiente»

La propuesta del Gaudí nace de la sintonía que Belbel mantiene con las gestoras de la sala, Gemma Deusedas y Anna Carreño, que a la vez protagonizan el espectáculo. Pero El casalot es mucho más que eso. Belbel explica que “el terror es algo que tenía muy pendiente”, porque todavía no ha encontrado ninguna obra que se acerque, ni de lejos, a lo que es capaz de provocar el cine. Es un fan absoluto del género, de The Shining a las obras de Ari Aster, como Midsommar. También recuerda que, hacia el año 2000, dirigió La dona incompleta de David Plana en la Beckett, donde ideó un montaje inmersivo. “La gente daba saltos en la butaca”, recuerda.

Unos años después, esbozó una pieza basada en el terror de los años cincuenta y sesenta, cercana a Què se n’ha fet de Baby Jane?, protagonizada por Bette Davis y Joan Crawford. Aquello quedó en un cajón que volvió a abrir al marcharse del Teatre Nacional de Catalunya en 2013 y que, durante el confinamiento de 2020, revisó a fondo.

No fue, sin embargo, hasta que dirigió en el Teatre Borràs el intento de Jordi Galceran de acercarse al género, Turisme rural, cuando supo cómo acabarla. Sabe que la experiencia del Teatre Borràs se acercaba más a la comedia que al terror, aunque había un par de momentos en los que el público se llevaba un buen susto. En la misma línea, Allà lluny hi ha una caseta de Jordi Casanovas, en la Beckett, y Passaran coses fantàstiques de Jordi Casado y Sílvia Navarro, en la Sala Flyhard —como la de Galceran, estrenadas la temporada pasada— tampoco acababan de conseguir ese punto de verdadera inquietud que él busca.

‘El casalot’

Belbel no se da por vencido. Para sacar adelante El casalot, primero habló “con algunas grandes actrices”, pero enseguida se dio cuenta de que necesitaba un teatro pequeño para lograr la atmósfera que deseaba. Deusedas y Carreño aparecieron como las actrices ideales y el Gaudí, como el espacio perfecto, apunta, para levantar “algo gótico, dramático, tétrico”: dos mujeres encerradas en una casa antigua, alejada del resto del mundo, que recuerdan el clásico que Robert Aldrich dirigió en 1962.

El techo bajo del teatro, las paredes aún más negras y el público dentro de la escena. Esta es la receta de Belbel para intentar llegar en tres dimensiones allí donde el cine lo hace en dos. Y, por supuesto, para seguir jugando.

Más información, imágenes y entradas:

Escrito por
gomila-andreu

Poeta, escritor, crítico literario y periodista especializado en artes escénicas. Ha sido director del semanario TimeOut Barcelona.

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