Hace 50 años, el sector teatral se unió. Quienes representaban el teatro comercial y quienes venían del teatro independiente crearon la Assemblea d’Actors i Directors, con la idea de “confiar la gestión del sector teatral catalán en bloque a las distintas ramas profesionales del teatro, añadiendo una representación de las organizaciones más representativas de la población”. Es decir, poner el teatro al servicio del pueblo. Sin embargo, la unión fue efímera. Hacia el otoño del 76, la Assemblea se escindió en dos facciones: una más cercana a los postulados del PSUC, que permaneció en la AAD, y otra, de carácter anarquista o simpatizante de la CNT, que creó la Assemblea de Treballadors de l’Espectacle (ADTE).

Manifestación de la Asamblea de Actores y Directores de Barcelona (La Rambla, 1976) – ©Pilar-Aymerich (MAE Institut del Teatre)
Pero, durante esos meses de unión efímera, la Assemblea decidió, tal como explica Mario Gas, uno de sus impulsores, “pasar a la acción directa y recuperar el Grec” de Montjuïc, medio en desuso y explotado entonces por la empresa Basoli, que gestionaba los Festivales de España, mal vistos por el público catalán. El nuevo festival tenía la intención de subvertir la imagen elitista y oficial que había tenido hasta aquel momento. Así, el propio Gas lideró una mesa junto con Josep Maria Loperena, Carlos Lucena, Jaume Nadal, Roger Ruiz, Ricard Salvat y Josep Torrents para gestionar el nuevo festival. Con muy poco tiempo organizaron el primer Grec. Conciertos de la Nova Cançó, Comediants, Roses roges per a mi, de Sean O’Casey, o Faixes, turbants i barretines, una recopilación de Xavier Fàbregas sobre textos del siglo XIX, fueron algunas de las muchas propuestas que se presentaron en un ambiente festivo, cooperativo y profundamente combativo.
Testimonios del pasado
Sílvia Munt y Joan Vives participaron en el montaje de Faixes, turbants i barretines y conservan un recuerdo muy vivo. Vives, con 22 años, venía de hacer la revolucionaria La Granja Animal, de George Orwell, y su experiencia sirvió para que lo recomendaran para componer la música de esta sátira, que incluía textos de Pitarra. Vives solo recuerda trabajo y más trabajo. “Se hizo todo en muy poco tiempo. Debimos de empezar a ensayar en mayo, ensayar y escribirlo al mismo tiempo para estrenarlo en julio”. Por su parte, Munt, con 19 años y siendo primera bailarina del Ballet Contemporani de Barcelona, fue convocada para encargarse de la coreografía de este musical. “El mundo del ballet es mucho más estoico y disciplinado, y aquello era un ambiente de gran diversión, de una gran anarquía estructurada. Yo llegué con la autoridad que te da saber de algo que los demás no saben: sabía bailar, sabía explicarlo y tratar con la gente”. Pero, una vez terminado el trabajo, sucumbieron a la fiesta de la libertad que representaba aquel Grec. Vives habla de fraternidad; Munt, de fiesta ciudadana. No son los únicos que lo vivieron así.

Plou i fa sol de Comediants al Teatre Grec 1976 © Arxiu Comediants
Jaume Bernadet, miembro de Comediants, recuerda que venían de momentos muy precarios y que la Assemblea y el Grec significaron una sacudida en el panorama cultural de la ciudad. Llevaron uno de sus espectáculos más emblemáticos, Plou i fa sol, una obra compleja de montar que les obligó a instalar dos escenarios en las gradas. “Lo recuerdo como una gran aventura y una fiesta. La gente estaba muy sorprendida por esta ruptura del espacio y porque les hacíamos participar. Fue un proceso de creación total, sin guion, ir haciendo poco a poco”. Comediants debe parte de su estallido a aquel Grec del 76, tanto por el aprecio del público como de la crítica. “Que alguien opine sobre ti cuando todavía no sabes muy bien qué estás haciendo porque te lo estás inventando… Que alguien como Joan Brossa te diga que somos la comedia del arte a la catalana… o que Xavier Fàbregas diga que recuperamos un juego de niños con una teatralidad mediterránea… pues era muy guay”.
También estuvo Mercè Managuerra, que participó en el gran montaje de Tirant lo Blanc, dirigido por Josep Anton Codina junto con nombres como Vicky Peña, Imma Colomer o Muntsa Alcañiz, entre otros. Esta producción de la Fundación La Caixa fue otro de los platos fuertes y Managuerra, aunque conserva un recuerdo difuso, habla de un momento de ruptura con todo lo establecido, un momento social en el que no se diferenciaba “entre la vida teatral y la vida fuera del teatro”. La actriz lo vivió como un proceso de liberación corporal; acostumbrada a hacer un teatro estático en el que el cuerpo estaba frenado, en aquel nuevo escenario sentía que “nos hubiéramos hecho más grandes, más altos, con unas voces más potentes y con una ilusión que… que casi no importaba el papel que hacías”.

Tirant lo Blanc © Pau Barceló / Escena Digital de Catalunya. MAE. Institut del Teatre
No participó en la primera edición del Grec, sino en la segunda. Montse Amenós, junto con Isidre Prunés, confeccionó unos 50 vestidos “haciendo punto, de manera artesanal” para Primera història d’Esther, dirigida por Ricard Salvat. Ella también estuvo presente aquel primer verano y recuerda “una sensación de que todo estaba por hacer, de que el teatro que se hacía entonces era superaburrido y que podían cambiarlo todo”.
Testimonios del presente
Compromiso, ilusión y alegría. Todos coinciden en estos rasgos distintivos del primer Grec. Y, desde entonces, han continuado vinculados al festival y a este espacio, mágico, pero también complejo para dirigir, sonorizar o montar escenografías. Ahora, 50 años después, ven el Grec como heredero de aquel espíritu. Sin embargo, Gas pide que se tome como “punto de partida y reflexión, no de remembranza nostálgica” y que continúe siendo un “elemento más dentro de la transformación progresiva del teatro en nuestra ciudad… con una programación que sea progresista”.

Silvia Munt durante el rodaje del documental sobre los 50 años del Grec
Munt, que presentará el 8 de julio un documental sobre su Grec del 76, pide que el festival siga siendo “de la ciudad y para los ciudadanos” y que no olvide su servicio al pueblo y a un sector todavía muy precarizado. “Hay muchos actores que pueden reivindicar esto. El Grec debería preocuparse por dar el máximo trabajo a nuestra gente”. Montse Amenós defiende el logotipo del fauno como símbolo de resistencia y echa de menos la ideología de los dos primeros Grecs. Reivindicaciones fundacionales que deben servir para el Grec del futuro.
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