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Nadia: "En Kabul era un padre de familia con 11 años, aquí con 21 años pude tener infancia"

24 julio 2014
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Nadia Ghulam vino de Afganistán en 2006 para operar las múltiples heridas del impacto de una bomba que, con sólo 8 años, quemarle todo el cuerpo y la dejó en coma durante dos meses . Tenía 21 años, y hacía diez que se hacía pasar por un chico para poder mantener a su familiaCuando Carles Fernández Giua y Eugenio Szwarcer la conocieron, tuvieron claro que aquella historia tenía que llevar al teatro.

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Aunque Nadia llega más tarde, empiezo la transcripción por su parte de la entrevista, porque es vital conocerla para entender el montaje escénico. Habla bajito, suave, pero con firmeza. Se deja preguntar y responde con mucha tranquilidad. Es media mañana y es la tercera entrevista, pero su atención es absoluta. Dice que la paciencia y la perseverancia lo ha aprendido de su madre. Una mujer que no sabe leer ni escribir, pero que es muy inteligente, una filósofa. Una mujer que cuando nadie creía que ella pudiera sobrevivir, se mantuvo a su lado y que espera poder visitar pronto y enseñar el vídeo de la obra.

Empezaste a hacerte pasar por chico, por tu hermano, con sólo 11 años. Aquí Cataluña los niños de 11 años apenas solos por la calle. trabajabas, eras la cabeza de familia, y ponías en peligro tu vida para las mujeres ni podían trabajar ni salir de casa solas.

La guerra te hace vivir una vida que lo cambia todo. Viniendo de un país en guerra por mí los 30 años de Cataluña todavía son la adolescencia, porque aquí las adolescencias y las infancias son largas. Cuando llegué con 21 años, pude ser Nadia pequeña que no había podido ser, que no había podido jugar. Mi primer regalo en Cataluña fue un osito de peluche. Tenía 21 años, pero es lo que me hacía más ilusión. Allí, en cambio, yo era un hombre que se preocupaba por sus hijos [sus hermanas pequeñas, la madre…], que pensaba que debía hacer para que mi familia saliera adelante.

¿Ha tenido la infancia que no habías podido tener.

Y la adolescencia. Cuando estudiaba el Grado de Integración Social, mis padres adoptivos me hacían el bocadillo para el instituto. Yo lo podía hacer, pero me emocionaba ver que mis padres me estaban haciendo un bocadillo. Es increíble esa sensación y no puedo definirla. Ahora estoy en la universidad estudiando Educación Social y mis padres me preguntan, «cómo te ha ido el examen?». En Afganistán nunca tuve esa sensación. Quizás hay mucha gente que no lo valora, porque están acostumbrados, pero para mí es el mejor regalo del mundo.

Estuviste haciéndote pasar por chico de los 11 a los 21 años, en plena edad de formación de la personalidad de una persona. Llegaste a creer ti misma que eras un chico. Vas interiorizar completamente el rol masculino?

Sí, asumí mucho el rol, pero siempre he seguido con la sensación de que soy una chica. Asumí el personaje hasta el punto de que nadie lo pudo descubrir en diez años, porque tenía claro que era muy necesario. Cuando estás en un callejón sin salida, cuando tienes que sobrevivir, haces todo lo que sea necesario. Te juegas la vida. Muchas veces me preguntan, como puede ser que se te ocurra hacerte pasar por chico con 11 años? Yo doy un ejemplo: si estás dentro de una habitación ardiendo, no piensas si hay una puerta verdad que tienes que salir por allí, rompes la ventana y sales como sea. Yo tampoco me lo pensé mucho, tomé esta decisión y tiré adelante.

Has dicho que fuiste llegar a ser muy autoritaria y dura con tu madre y tus hermanas pequeñas.

Totalmente, pero era la forma que teníamos de sobrevivir. Si tú ves que tus amigos no dejan salir a sus madres y sus hermanas en la calle sin burka porque son mujeres, ante sí debes hacer igual. Además, para que no sospecharan yo lo hacía más exagerado. Si ellos le decían a su hermana «en casa, no salgas«, yo le daba una bofetada y le decía «en casa, las mujeres no pueden salir«. Era un hombre muy duro, pero que vieran que era muy duro con las mujeres a mí me ayudaba a sobrevivir.

Viviste la invasión americana. Significó algún cambio real en tu vida?

Esto a la obra lo explicamos muy bien, los cambios que ha habido y como los he vivido. que pude empezar a estudiar, pero no pude dejar mi identidad masculina. Tanto en el régimen talibán como después lo he intentado es buscar agujeros, buscar los caminos de libertad, para seguir con mis ideas, con mi libertad. Con la llegada de las tropas estadounidenses tuvimos que aprender inglés, llegaron los periodistas, las ONG y relacionarnos con ellos.

Has sido muy crítica tanto con periodistas como con ONG.

Mira, hace poco vi en Facebook una foto de un niño herido en Gaza y la gente de alrededor no ayudaba, hacían fotos con el móvil y los periodistas seguían grabando. Sólo de imaginarme yo llena de sangre y la gente haciendo fotos …! Acepto que es una forma que nosotros vemos lo que está ocurriendo allí, pero lo primero es lo primero. Y el primero es ayudar a la persona!
De las ONG no te puedo decir que el 100% hagan mal las cosas, yo estoy aquí gracias a una ONG, pero muchas veces nuestra ignorancia lleva a hacer cosas que no ayudan. A mí ahora mismo me gustaría ser en Palestina ayudando, pero si no conozco la realidad, quizá iré pensando que hago algo bueno y es lo contrario. En Afganistán muchas veces las ONG piensan sólo en el burka, pero mi país ha vivido la guerra!

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«El público será consciente de un viaje escénico, pero el viaje humano que hay detrás es increíble, somos unos privilegiados», me dicen Carles y Eugenio, de la compañía La Conquesta del Pol Sud. Y es que además del trabajo conjunto aquí, han viajado con Nadia a Kabul para conocer la realidad del país y hablar algunas de las personas que han formado parte de su vida. «No hemos podido hablar con todos, porque para ellos es peligroso ser vistos con occidentales. Además, todavía no está claro quién manda en cada zona, los señores de la guerra todavía están muy presentes en Afganistán». Pero han podido llevar suficiente material para hacer un documental escénico, un género desconocido que les ha hecho hacer «tres pasos más allá» en su trayectoria y con el que seguirán investigando. De momento, con las previas y el estreno en Madrid han despertado mucho interés, y ya están hablando con algunas salas para programar la obra la próxima temporada. Hablamos de la obra.

– ¿Cómo viviste el viaje a Afganistán con Carles y Eugenio?

Con una responsabilidad muy grande, era un viaje bastante difícil como mujer. Y más yendo el día después de las elecciones. Pero ha salido todo muy bien. Yo no esperaba que pudiera cumplir con sus perspectivas y conseguir las imágenes que necesitaban.

Tuviste claro desde el principio que querías ser el escenario.

Es muy importante, porque en todas las comunicaciones cuando hay diferentes manos se pierden cosas. Es mucho mejor la comunicación directa. Si mi historia pasara primero por Carlos, después por Eugenio, y luego por la persona que la recibe y la interpreta sería muy diferente. Además, si tu pones en internet «chica afgana vestida de hombre» encontrarás tantas versiones Y yo quiero contar mi versión.

¿Qué aporta la dramaturgia en tu historia?

Es muy diferente. Tú puedes leer muchas cosas sobre mí, pero si no me conoces, si no ves como soy … Además hay lugares donde no llegan las palabras, y en cambio puede llegar un objeto, una imagen que te acerca a aquella realidad.

– ¿Cómo habeis elegido los fragmentos de vídeo y de tu historia que salen en la obra?

Me han dado mucha libertad. En una parte de la obra salen mis animales. Alguien podría decir, ya mí qué me importan sus animales? Pero para son importantes. Y yo escogí, y estoy muy contenta de la elección.

Carles: Sufriendo mucho. Pero nosotros lo que queremos explicar es que a Nadia lo que la ha salvado es su lucha por aprender, el conocimiento, la educación. Como sabemos esto, todo lo que nos gusta mucho pero no acaba de aportar a esta línea, lo hemos tenido que dejar de lado. Sin embargo, llegamos a plantearnos poner dos pantallas fuera con todo el material que no hemos podido poner, pero que es muy potente.

Eugenio: Es que podríamos hacer una trilogía!

¿Tuvisteis claro desde el primer momento que Nadia sería presente en el escenario, pero el formato de teatro documental el teníais claro?

Carles: En absoluto. Tuvimos claro que estaría muy bien que Nadia estuviera en escena y además, rápido nos dijo que sí, pero sólo sabíamos eso. Ahora bien, una vez ves que tienes la persona protagonista de los hechos a escena, ya ves que será documental. Lo que no teníamos previsto era estar nosotros dos sobre el escenario. En principio tenía que convivir con actores, pero vimos que algo importante a transmitir es como Nadia ha relacionado con nuestra perspectiva occidental y construir todo el documental escénico a través de un diálogo.

Eugenio: El teatro documento es un gran desconocido que siempre nos ha atraído y con esta historia, con Nadia en escena y trabajando con material real nos ha venido dado. Quizás de otra manera habríamos tardado más en hacerlo, pero es una evolución natural de nuestro teatro, aunque quizás hayamos ido tres pasos más allá.

¿Cómo cambió el proyecto y vosotros mismos con el viaje a Kabul con Nadia?

Eugenio: Todo. Antes de partir todo lo que habíamos sentido era a través de Nadia o los titulares de los periódicos, los dos extremos de la historia. Cuando estás allí olores, catas, es una experiencia tridimensional y encuentras los matices, lo que nadie había idealizado o aquello de lo que no teníamos ni la más mínima idea. Sobre el papel todos sabemos que es un lugar militarizado, pero cuando lo ves, cuando ves que allí hay gente que está intentando vivir y convivir con una ocupación militar, con 40 años de guerra, es otra historia. Uno sabe lo que hay, pero cuando te encuentras de cara difícilmente puedes explicarlo con palabras.

Carles: La suerte fue que teníamos los conceptos claros, saber hacia donde queríamos ir. Nuestro planteamiento es la importancia de la educación y que la educación te hace libre. Y suerte que teníamos, esta línea clara, porque sino hubiéramos vuelto sin saber hacia dónde tirar. Porque realmente por muchos documentales, por muchas imágenes que hayas visto de Afganistán, una vez estás allí se multiplica por cuatro. Cuando estaba allí pensaba, pero si todas las imágenes que he visto son mucho más bonitas que todo esto!

¿Qué aporta la dramaturgia en la historia de Nadia. ¿Qué puede recibir de diferente al espectador de la historia contada en su libro?

Carles: Esta es una pregunta que nos hicimos de manera muy seria: ¿qué le aporta a Nadia el lenguaje teatral? Lo que le aporta es que hay lugares en los que las palabras, el discurso racional, no llega y utilizando determinadas imágenes, tanto grabadas como escénicas, obras puertas a lugares que no se pueden explicar muy bien con palabras. Ella misma nos lo dice, «me doy cuenta que explicando esto así transmito muy bien cosas que me costaría decir con palabras», y eso es muy gratificante.

Eugenio: No hemos puesto en escena el libro. La historia está porque Nadia es Nadia, pero nuestra intención, lo que nos interesaba más el principio, era la llegada de Nadia en Cataluña. Este viaje, en el que se ha transformado, donde está llevando su energía una vez superadas sus heridas. El resto ya lo vemos en el libro, los periódicos

¿Cómo ha compaginado las imágenes de Afganistán con su vida en Cataluña? Es una obra lineal en el tiempo?

Carles: No, porque mientras ella cuenta la historia, la está contando desde la mujer independiente que es ahora. Cuando te explica cómo se ganaba la vida en Afganistán, que es lo que hacía, está la mirada de una mujer adulta, independiente, Nadia de hoy. Pudimos decirle que se interpretara como era hace unos años, pero, en mi opinión, habría sido un error. De esta manera la perspectiva actual de Nadia la ves durante toda la obra, y vas respirando el diálogo entre culturas.

¿Cómo ha sido dirigir Nadia, una persona que no sólo no es actriz, sino que además se está «interpretando» a ella misma? Está todo guionado o Nadia tiene cierta libertad para explicarse como quiera?

Carles: Más bien deberías preguntar a Nadia como ha sido dirigirnos ella a nosotros … (risas). El hecho de dirigirla ha sido fácil porque nos hemos entendido a escena. Lo que ha sido más complicado ha sido fijar recorrido escénico, que ella asumiese el orden de la historia. Podríamos decir que hemos hecho un camino de piedras que hay que ir siguiendo. De todos modos de función a función no hay mucha diferencia, puedes ver que no se han dicho exactamente las mismas palabras, pero la función es la misma. Sin embargo, tenemos un pacto que tenemos con Nadia es que si en un determinado momento siente que algo no le ha transmitido bien, la vuelve a explicar o la explica de otra manera.

En las obras de la Conquesta del Pol Sud la temática social siempre está presente. ¿Qué puede aportar el teatro a la transformación social?

Eugenio: Cuando hace seis o siete años nos dijeron: «sois conscientes de que haga teatro social?», Nos quedamos un poco sorprendidos. No es que pensemos, qué obra de teatro social haremos ahora? Es que los textos que tenemos sobre el escritorio y que nos despiertan interés son textos contemporáneos y con un alto contenido social.

Carles: El teatro es un lugar de diálogo. Un 50% del espectáculo es en el escenario, el otro 50% lo hace el público. A nosotros nos gusta pensar que es un lugar donde te emocionas, pero también razonas y donde se produce un intercambio de ideas. Las respuestas nadie las tiene, pero lo realmente interesante del teatro es que te permite plantear preguntas, porque las preguntas compartidas en colectivo tienen una potencia mucho mayor.

Acaban explicándome que ya tienen la obra en catalán y castellano, pero que más adelante también la quieren hacer en inglés. «Nadia y Eugenio no tienen problema, pero yo sí», me dice Carlos. «Pero lo mejor de todo de hacer una obra como esta y asumir nuevos retos, es que te obligas a aprender cosas nuevas«. Me parece que los tres son optimistas por naturaleza, como esta obra. «La historia es dura, pero tal y como lo explica Nadia te lleva siempre hacia la luz. Pesar de todo lo que ha pasado, por ella lo importante es lo bueno, bonito, las cosas positivas y te vas con esto», está convencido Eugenio.

Texto: Mercè Rubià

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