REPORTAJE

La Virgueria: Teatro de alto riesgo

La compañía teatral La Virgueria apuesta por obras de carácter político y provocativo que buscan remover al público e invitar al debate después de la función

Laura Galve Barranco

La actriz y directora de teatro Isis Martín y el dramaturgo y director Aleix Fauró escriben a cuatro manos. Entre ellos florece una sinergia orgánica, natural. Construyen su universo a partir de una comunicación exenta de juicios y limitaciones. No se dividen el trabajo. No necesitan. Cuando abren el ordenador es difícil diferenciar entre lo que ha escrito él y lo que ha escrito ella. Son el match perfecto, un tándem revolucionario que entiende el teatro desde una vertiente política, pedagógica y estética. Su compatibilidad se construye a partir de piezas bien diferenciadas, pero que convergen a la perfección. Tienen los horarios girados, ya que mientras que Isis prefiere escribir de noche, Aleix concentra más energía a primera hora de la mañana; cuando Aleix ya dejaría terminada la idea, Isis necesita darle una vuelta más antes de cerrar persianas. Ambos se conocieron cuando trabajaban de monitores de comedor en una escuela y entre niños escondiendo comida en los bolsillos y orando para que les perdonaran el último pedazo de pez, surgió una amistad que ya acumula veinte años y que ha dado lugar a La Virgueria, una compañía teatral que lanza sobre el escenario propuestas cargadas de empuje y provocación, y con una clara intención de remover y hacer estallar el debate después de la función.

Ísis Martín y Aleix Fauró, dos almas de La Virgueria

La compañía La Virgueria, su proyecto en común, abre cada día su local en Poble Sec a las diez de la mañana. Una vez a la semana, Isis y Aleix celebran una reunión con las otras dos miembros del proyecto: la actriz Patricia Bargalló y la encargada de la producción y comunicación Júlia Ribera. Los cuatro se sientan para planificar su trabajo y poner orden. Además de la creación, ensayos y meetings para poner en marcha nuevos proyectos, la compañía también requiere un buen trabajo de oficina. Pero una vez que Isis y Aleix consiguen hacer vaciado de correos y gestiones, intentan escapar una semana a escribir en la casa que tiene ella por Girona. Allí se aíslan del mundo y, dentro de esta burbuja, teclean y reteclean. A veces incluso se olvidan de comer o cenar. “Uno de los aspectos que más nos gusta del teatro es ese salto del nada al todo, de empezar no teniendo ni siquiera una palabra, un objeto o actor, a acabar poniendo sobre el escenario una pieza entera que invita a pensar”, explica Martín. Los ensayos son también uno de los motivos por los que decidieron hechizarse con un proyecto de estas magnitudes. Para ellos, es la parte más creativa del proceso y la que permite realizar equipo entre los diferentes roles que participan. “Pensamos mucho en la conciliación y bienestar emocional de las personas que forman parte de La Virgueria. No sólo nos parece importante el producto sino cómo lo creas. Qué tipo de compañía generas es una decisión política y revolucionaria”, comentan.

«Uno de los aspectos que más nos gusta del teatro es ese salto de la nada al todo»

Antes del nacimiento de la compañía, Aleix solía escribir poesía en papeles sueltos. Nunca acababa de terminar ningún texto. Pero, después de haber cursado un taller de dramaturgia y dirección animado por el Ísis, logró terminar una pieza llamada Dioptría. “Se trataba de un texto que quería ser una crítica a la especulación inmobiliaria ya todo el capitalismo en general”, explica: “La obra no fue ninguna maravilla porque fue la primera, pero nos sirvió en Isis ya mí para descubrir que nos entendíamos mucho trabajando y que queríamos hacer juntos.” Finalmente, en 2009, ambos decidieron dar el salto y crear La Virgueria, que se estrenó oficialmente con la obra Si avui és diumenge, demà és dijous, desde entonces, su proyecto ha llevado a escena títulos de éxito como L’hivern al cos (2011), El pes del plom (2014), Snorkel (2015), Medusa (2017), texto ganador del reconocido Premio Quim Masó, o Com menja un caníbal (2019).

La Virgueria ganó con ‘Medusa’ el Premio Quim Masó 2016

Con respecto a este año 2023, La Virgueria ha llevado al Centro de las Artes Libre de la Fundación Joan Brossa la propuesta teatral deEl Missioner, una obra irreverente que, a través de la ironía y el discurso contestatario, reflexiona sobre la industria de la música actual como colonizadora cultural. Con Madonna, Bad Bunny, Lady Gaga y otros muchos más de fondo, Isis Martín y Aleix Fauró construyen un montaje deslumbrante y preñado de belleza que exporta sobre el escenario temas incandescentes y de urgente debate como el racismo, el clasismo, la sexocracia, la salud mental o la dictadura de la estética. La pieza estará en cartelera hasta el 5 de febrero. Por otra parte, del 12 de abril al 7 de mayo, la compañía llevará al Teatro Maldà su propuesta La punta de l’iceberg, una obra sobre la sexualidad femenina que explora el deseo desde la diversidad de edades, etnias, estratos socioeconómicos u orígenes culturales.

Imagen de escena del espectáculo ‘El misionero’. Imagen: Claudia Serrahima

Un teatro modificador, comprometido y crítico

Las creaciones de La Virgueria responden a la necesidad de Aleix y Isis de generar un teatro modificador, comprometido con la sociedad y que estimule el pensamiento crítico. «El teatro como divertimento me parece fantástico, pero lo que me toca de verdad es aquel que me sacude y me pone sobre la mesa un tema sobre el que quiero debatir durante las birras de después», comenta Isis. «Nuestra idea es llevar de viaje al espectador y que cuando vuelva, lo haga con toda una serie de experiencias nuevas encima que tenga ganas de compartir o reflexionar consigo mismo», añade Fauró. La apuesta por un teatro crítico, que pincha, descarado —en el buen sentido de la palabra— y directo, siempre implica cierto riesgo. “Nuestras obras no son complacientes para todos” dice Àlex: “Nosotros hacemos preguntas, pero no damos respuestas, este es un trabajo que debe hacer el público”, y añade: “La forma más bestia de generar crítica es dejando que la gente se cuestione y se intente responder”. “Mojarte con según qué temas puede provocar que la gente salga enfadada, que no les guste nada lo que han visto o que no estén de acuerdo con el discurso”, apunta Isis: “Y eso, lógicamente, se traduce en una pérdida de dinero, puesto que quien ha dicho que tu obra es una mierda, no sólo sabes que no le ha gustado, sino que no la recomendará”.

Espectáculo ‘El invierno en el cuerpo’ (2011, Teatro Tantarantana). Imagen: Anna Miralles

La compañía se ha ido construyendo pasito a pasito, sin saltarse ningún escalón. Pero el camino no ha sido fácil. La supervivencia de La Virgueria cuelga muchas veces de un hilo y mantenerse en la superficie, además de complicado, a veces puede ser agotador. La pandemia fue un agente destructor del mundo cultural, provocando el cierre de teatros y la cancelación de muchas obras programadas en cartelera. La Virguería salió adelante, pero no sin agarros. “Una cosa es cuando produces espectáculos y otro tema es mantener la estructura de la compañía cuando no hay pieza en movimiento”, explica Martín: “Esto supone unos costes muy altos y convertir una pasión y una voluntad artística en un negocio solvente es un paso muy difícil”. Una de las patas que les ayuda a mantener recta la estructura de la compañía ya asegurar una cierta estabilidad es El Club de la Virgueria, una iniciativa que surgió después de la pandemia y consiste en una plataforma de mecenazgo que funciona a través de una cuota de suscripción mensual con diferentes precios. “A cambio de esta donación, proporcionamos un retorno cultural en forma de lecturas, poemas personalizados o fotos”, comenta Aleix.

‘El pes de plom’ (2014 i 2018, Sala Beckett). Imagen: Anna Miralles

Cuando Isis y Aleix recuerdan que hace ya veinte años que se conocen, les entra la nostalgia en el cuerpo. Impresiona el tiempo, su ritmo. Recuerdan estrenos, gente que les dio un empujón, personas que estuvieron hace tiempo y otras que siguen cerca, turbulencias, pero también grandes victorias. El tiempo corre y hace ya más de diez años que La Virgueria aguanta con voluntad firme y con unas ganas locas de remover al público. Isis explica que tiene infinitas ideas. Suficientes, afirma, para llevar a los teatros una obra al mes. Así pues, to be continued.

Puedes ver en La Virgueria en estos espectáculos:


Escrito por
Laura Galve Barranco

Periodista que ha colaborado en medios como el Diari Ara, El Periódico, la revista Ethic, El Mundo, la revista 7K, Time Out, Núvol o Catorze.

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