"Hacer Los 39 escalones es una locura muy divertida"

Redacció

Redactor: Iván F. Mula / @ivanfmula

Los creadores del exitoso musical Sugar. Con faldas y a lo loco acaban de estrenar en el Eixample Teatre Los 39 escalonas, una de las comedias más representadas en todo el mundo. Entre el homenaje y la parodia del popular film de Alfred Hitchcock, cuatro actores interpretan a más de 100 personajes y utilizan todos los recursos teatrales a su alcance para divertir al público con esta aventura. Hemos hablado con Rubén Yuste y Xavi Duch, dos de sus protagonistas que también encabezaban el reparto del anterior montaje.

RUBÉN YUSTE: Hacer esta obra es una locura absoluta y muy divertida. Somos cuatro actores. Una actriz que hace tres personajes: dos breves y, después, otro que ya acompaña al protagonista hasta el final. Jota (Javier Arroyo) hace el papel principal y no sale del escenario durante toda la función. Y, finalmente, nosotros dos interpretamos al resto de personajes/clowns que van apareciendo durante toda la aventura.

XAVI DUCH: Hacemos muchísimos personajes pero, aparte de eso, tienen diferentes entradas y salidas, es decir, que algunos se repiten durante la trama. Realmente, es muy divertido de hacer. Es una experiencia trepidante, con muchos cambios, muy rápidos y, para nosotros como actores, es muy enriquecedor. Todo está dentro de un código de farsa y pantomima muy típico de Londres. Esto hace que el espectáculo sea tan gratificante de hacer porque cabe todo. Accidente que pasa, accidente que integras y que, además, suma a la función.

RUBÉN YUSTE: Y te permite también jugar con estereotipos: corporalmente, con voces diferentes… Ahora empezamos a acostumbrarnos a esta locura de cambios pero, al principio, era como hacer una maratón cada noche. Si te olvidas de colocar algo en su lugar, ya la has liado. Llevamos dos semanas y yo me he adelgazado un kilo y medio.

TEATRE BARCELONA: ¿Cómo lo vive todo esto el espectador?

RUBÉN YUSTE: El espectador tiene esta misma sensación: que la acción es trepidante, que todo va muy rápido, que hay mucha información y que el espectáculo se pasa volando. Es una hora y cuarenta minutos sin parar.

¿Os ha resultado difícil tener que crear tantos personajes?

XAVI DUCH: Realmente, el trabajo con Pau Doz, el director, es íntimo y consigue que todo resulte muy fácil. Él lo planteó desde el principio como un juego. Como si fuéramos niños pequeños, empezamos a buscar personajes haciendo ejercicios. Algunos fueron muy fáciles de encontrar, otros han necesitado más tiempo y los hemos ido perfilando más adelante. En general, él los tenía bastante claros. Nos ha dejado jugar mucho y ha sacado muchas cosas de nuestras propuestas pero es verdad que ha sabido guiarnos muy bien, en todo momento. Es un director que sabe traspasarte perfectamente las ideas que tiene a la cabeza.

RUBÉN YUSTE: Y no sólo tiene muy clara la visión a nivel interpretativo sino también del conjunto del espectáculo: escenografía, estética, música… ¡Y eso es un gustazo! Cuando hay alguien que lidera y dirige con una visión tan amplia, todo es muy fácil y enriquecedor. Creo que eso es lo que hace que el espectáculo sea tan redondo.

¿Cómo se combinan todos estos elementos durante el proceso de ensayos?

XAVI DUCH: En los ensayos, teníamos que parar a cada rato porque nos meábamos de risa. La clave consistía en ir marcando todo el engranaje con una cierta precisión y, después, acelerar la velocidad progresivamente. Cuando hablas el mismo lenguaje que tu equipo, realmente, todo avanza de forma natural. Y todavía continuamos cambiante cosas. A mí, esto, me encanta. Demuestra que la función está muy viva.

¿Cuál es el origen de este proyecto?

RUBÉN YUSTE: Es una propuesta de Pau. Conocían el show y pensaron que podría funcionar. Habían visto la versión que se hizo hace tiempo en Barcelona y creían que podíamos hacer una apuesta nueva y diferente para presentar al público. La anécdota es que yo, por mi parte, lo había visto en Broadway en 2015 y había alucinado. Pensé: yo quiero hacer esto. Que me llamara Pau para ofrecerme el papel fue una feliz coincidencia.

XAVI DUCH: También teníamos ganas de hacer una obra de texto porque somos un equipo que siempre trabaja haciendo musicales (porque nos encanta) pero queríamos recordar al público que también somos buenos haciendo otras cosas. Yo estaba muy contento porque pensaba que con una obra de texto iría mucho más relajado y, al contrario: hacer esta obra cansa mucho más que hacer un musical.

¿Habéis visto la película original para inspiraros de alguna manera?

XAVI DUCH: Yo la vi cuando supe que habían conseguido los derechos y, como también hice con Sugar en su momento, decidí no volverla a ver para no trabajar demasiado condicionado. Además, el código que usamos es muy diferente. Sólo quería tener un poco la referencia del tipo de interpretación de la época.

RUBÉN YUSTE: Yo lo había visto hace muchos años y ahora, para hacer la obra, he visto algunas escenas pero tampoco quería que nos influyera demasiado.

Aparte de todas las referencias al cine de Hitchcock, ¿el espectador encontrará algún guiño a Sugar?

RUBÉN YUSTE: Sí. Hay una escena donde el protagonista se esconde en un pequeño hotel de pueblo. En el original, lo regenta un matrimonio pero aquí Pau quiso hacer una referencia al anterior montaje y, por eso, aparecen Daphne y Josephine. Es un momento muy divertido que hace mucha gracia a todos los espectadores que vinieron a ver Sugar.

La química escénica entre vosotros dos es otro de los puntos fuertes de la propuesta. ¿Viene de muy lejos esta conexión?

RUBÉN YUSTE: Xavi y yo trabajamos juntos por primera vez en Spamalot en 2008. Curiosamente, desde entonces, no nos habíamos vuelto a encontrar hasta Sugar. Y fue tan especial que era como que no nos queríamos volver a separar nunca más. Cuando te entiendes tan bien con alguien y aprendes a la vez, trabajar juntos es un regalo.

XAVI DUCH: Cuando sabes que juegas al mismo juego, con una mirada ya te entiendes y sales adelante de cualquier circunstancia. Llevamos  muchas funciones en las espaldas… y muchos ataques de risa.

RUBÉN YUSTE: Fuera del escenario, también nos conocemos muy bien y somos muy amigos. Todo va sumando. Y, al final, lo que ve la gente es la realidad: una conexión muy fuerte que tenemos los dos. Nos entendemos y sabemos cómo respetar el gag del otro, sumar siempre o dar importancia a aquello que toca en cada momento. Esto es un equilibrio que, a veces, es difícil de encontrar. Es nuestro punto fuerte. Y es clave.

Las dos obras que habéis hecho con Som-hi Films han sido adaptaciones de películas clásicas. ¿Cómo veis la relación entre teatro y cine?

XAVI DUCH: Yo pienso que, en nuestro caso, son como homenajes. Más que querer explotar un producto o hacer una nueva versión, lo veo como un tributo porque, sobre todo con las dos obras que hemos hecho, ante las películas originales, no puedes hacer nada más que sacarte el sombrero y hacerle una oda.

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