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Emma Vilarasau: "El abuso de poder es cruel, pero el abuso sexual me provoca... asco"

12 marzo 2021
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El salto de la escena en la pequeña pantalla, los comedores de casa, y en el cine la convirtió en poco tiempo una de las actrices más populares y queridas del país. Emma Vilarasau, de 61 años y natural de Sant Cugat del Vallès, se encuentra actualmente en La Villarroel protagonizando La cabra o quién es Sylvia? del estadounidense Edward Albee, uno de los éxitos de esta temporada marcada por una pandemia, seguramente la más extraña e insólita de su dilatada trayectoria, y que nos dejará marcados para siempre.

Emma Vilarasau: Durante la pandemia he pasado por diferentes etapas. La pasada primavera, cuando estalló la pandemia, teníamos que estrenar Eva contra Eva en el Teatro Romea y, a que pudimos algunas funciones, esa semana se cerró todo. Nos quedamos con la extraña sensación de tener una obra terminada y que ha visto poca gente. Veníamos de dos intensos meses de ensayos y, realmente, lo necesitaba mucho porque tenía a mi madre muy enferma. En ese momento, me di cuenta de una cosa: que hacer teatro me salvaba la vida. Para mí las mañanas en casa eran muy duros, pero cuando entraba en la sala de ensayo o hacer función lo cortaba todo: de golpe mi vida era otra, yo era feliz en el escenario. Al volver a casa volvía la pesadilla, pero, al menos, podía hacer una pausa. Cuando nos cerraron, perdí estos espacios y se hizo todo mucho más duro, además mi madre murió en julio. El tiempo fue pasando, pudimos volver al trabajo y parece que poco a poco fuimos saliendo del túnel.

Teatro Barcelona: ¿Qué has aprendido de todos estos últimos meses?

EV: He constatado que necesito el teatro porque me hace feliz. Siempre lo he sabido, pero nunca me había dado cuenta de hasta que punto es importante para mí. Tengo compañeros que hablan de retirarse, pero yo no quiero que el teatro me hace demasiado feliz. Me veo con suficiente energía y fuerza para continuar. El teatro me aporta algo muy especial: no es seguridad, no es autoestima … es felicidad. Es sentir que estoy en el lugar donde puedo ser realmente yo, a pesar de estar interpretando a otro personaje. He aprendido, y creo hemos aprendido, que somos más frágiles de lo que realmente pensamos y tener la muerte tan cerca me ha servido para valorar mucho más la vida, no la vida soñada sino la vida que realmente tengo.

«Necesito el teatro porque me hace feliz»

TB: Después de aquella primera etapa esta pasado otoño ha estrenado La cabra ¿o quién es Sylvia ?, una obra protagonizada por una familia ejemplar que ve su historia marcada por la relación sentimental que un personaje establece con un animal: una cabra. Una obra incómoda, divertida y polémica que reflexiona sobre temas como los límites, deseo o la empatía. Crees que se puede empatizar o entender cualquier opción vital?

EV: Dicen que las personas sólo somos capaces de entender aquellas cosas que somos capaces de imaginar, por lo tanto, es difícil entenderlo todo. Pero esto no significa que deban negar o esconder porque esto hace infeliz a muchas personas. Creo es mejor poner las cosas encima en la mesa, enfrentarlas y hablarlo. Otra de las polémicas que plantea la obra son los límites del deseo: se puede controlar? es racional? Cuando estrenamos la obra se destaparon en Francia unos casos de pederastia por parte de la élite francesa, personas muy bien posicionadas. Tener deseos como la pederastia hace muy mal … por mucho que los agresores digan lo contrario o piensen que las relaciones eran consentidas. Se deben hacer públicos estos escándalos y se ha hablar porque esconderlo no sirve de nada y perjudica a las víctimas. El autor también lo dice: «Puedes hacer lo que quieras mientras la gente no lo sepa», pero ya se ha visto que, tarde o temprano, todo estalla. Para las víctimas es mejor denunciarlo, lo antes posible, y no hacer ver que no ha pasado nada porque estas cosas siguen pasando.

Jordi Bosch y Emma Vilarasau encabezan el reparto de ‘La cabra o quién es Sylvia?’ conjuntamente con Jordi Martínez y Roger Vila

TB: Como actriz te cuesta llegar a empatizar con determinados personajes?

EV: Preparar un personaje te obliga a plantearte cosas y ponerte en lugares donde nunca pensabas que deberías de llegar. Por ejemplo: interpretando Medea debes entender las motivaciones de una persona que se vuelve loca. Entender estas facetas tan oscuras de las personas me hace empatizar, hace que las pueda llegar a entender porque se han de trabajar desde un lugar dicho o vivencial, que no está escrito en papel. Esto hace que, yo como actriz, las tenga que llevar a algún lugar donde me las pueda creer y defender aunque sean horribles. El teatro me hace más tolerante con la gente y conmigo misma.

TB: Cuando se estrenó, por primera vez en Broadway, La cabra o quién es Sylvia? hubo personas que se fueron de la sala… De eso hace unos cuantos años. ¿Te sorprende la reacción del público de hoy?

EV: Es curioso, hay días en los que el público ríe mucho, algunos no tanto y otros días que exclaman mucho. Antes la gente se ofendía y ahora ríen porque la risa es una manera de sacar tensión, aliviar las situaciones o sencillamente es una protección porque piensan que nunca vivirán algo así.

Esta obra tiene un gran poder. Empieza a un lugar y termina en otro muy diferente: termina en una tragedia, donde no río nadie. Es entonces, en el tercer acto, cuando se entiende que le pasa al personaje (Jordi Bosch). Hay una frase que dice: «Estoy solo, estoy terriblemente solo» y creo que todas y todos estamos un poco solos porque siempre habrá una parte nuestra que no llegará a entender nadie, que se vive en soledad y que es universal. Este personaje en cuestión la puerta aumentada porque tiene un deseo que no puede compartir ni entender nadie. Pienso, por ejemplo, en las personas trans. Ahora todo está más o menos más aceptado, pero hace 50 años estas personas tenían que esconder o vivirlo en soledad en casa.

Eulàlia es un personaje al que me quiero muchísimo

TB: Hablabas de Jordi Bosch, una persona importante en tu vida. Más allá de su relación personal, le hemos visto trabajando juntos en el teatro con El sombrero de los cascabeles, Las Bodas de Fígaro o Caídos del cielo pero también en la televisión en series como Mayoría Absoluta o Nissaga de Poder. Esta serie, que indudablemente ha marcado tu trayectoria, ha cumplido en enero 25 años de su estreno. Allí interpretan a Eulalia, una mujer fuerte, con carácter, empoderada… ¿Crees que hacen falta más personajes como estos en las ficciones catalanas?

EV: Eulalia era una persona muy herida y su fuerza le venía de todo el dolor que tenía. No era un empoderamiento ejemplar, lo era ‘por cojones’ porque era un personaje muy desgraciado que decidió pasar de todo y hacer lo que le daba la gana. Yo creo que ya hay de personajes potentes a las ficciones, pero lo que faltan son personajes de una cierta edad: mujeres y hombres de 60, personajes con historia y recorrido. Faltan papeles para actores y actrices que, pesar de la edad, siguen activos y que tienen poca presencia. La gente de esta edad consume mucha cultura y estaría bien que tuvieran más presencia y que vieran sus vidas más representadas.

Emma Vilarasau y Jordi Dauder protagonizaron el serial Nissaga de Poder escrito por Josep Maria Benet

TB: De hecho, hace años que te has centrado más en teatro que en televisión…

EV: Hice tele durante muchos años para que me iba bien para poder combinarlo con mi vida familiar y para poder estar con mis hijos cuando eran pequeños. Luego me centré más en el teatro, pero desde Ventdelplà tampoco he tenido grandes ofertas. Las ofertas que me han llegado lo han hecho en plena temporada teatral y no tengo la energía para hacer las dos cosas a la vez. Combinar horarios de rodajes con las funciones hoy en día es más complicado. También creo que no me han ofrecido personajes interesantes y, cuando digo esto, no hablo de papeles protagonistas sino de personajes que no me han gustado.

TB: Saga de poder fue un gran referente para la ficción catalana. De hecho Benet i Jornet fue una revolución por el panorama televisivo y por el teatro. ¿Como el recuerdas al Papitu?

EV: El Papitu era una delicia y con Saga fue muy osado. Recuerdo que hice una obra de él, La habitación del niño, una historia muy difícil que hablaba de cómo la muerte de un niño afecta una familia. Le gustaba tocar temas muy difíciles y adentrarse a fondo. También podía hacer comedias, eh?

Era una persona muy dialogante y muy terca, pero podías hablar con él de cualquier cosa. Con Saga tuvimos interesantes charlas sobre cómo enfocar determinados temas, como el incesto, sin hacer un juicio moral. El incesto es otro de estos temas de lo que no se puede hablar, pero que existe y pasa, y Papitu lo supo poner sobre la mesa en una época en la que realmente era complicado. Era una persona muy inteligente.

TB: Esta serie te puso como profesional en un lugar, en cuanto a la popularidad, donde seguramente nunca habías estado. ¿Que te aportó tanta fama en ese momento?

EV: Me agobió un poco. Llegó de repente, sin esperarlo, pero reconozco que me abrió muchas puertas. Cuando sales en la tele, y haces que vengan más personas en el teatro, tienes más papeles. Eulalia es un personaje que quiero muchísimo, me descubrió muchas cosas de mí que yo no pensaba que fuera capaz de hacer. Era un personaje de una dimensión importante, con muchas caras: era buena tía, pero era muy cruel. Era muchas cosas y era muy contradictoria.

Había hecho papeles, pero nunca ninguno tan protagonista y no sabía si sería capaz. Voy hacerlo. Me dio seguridad en mí misma y aprendí sobre cómo trabajar en el medio técnicamente, con la mirada por ejemplo. Aquella experiencia también me permitió coincidir con el gran Jordi Dauder, fue una delicia poder conocerlo y trabajar con él.

El equipo artístico de ‘El héroe’, estrenado en 1983 en el Teatro Libre, donde la actriz compartió escena con Jordi Bosch, Imma Colomer, Lluís Homar o Alfred Luchetti, de gira en Düsseldorf

TB: Tus inicios en el mundo de la interpretación fueron teatrales. De hecho vas debutó en Sant Cugat del Vallès. ¿Recuerdas como fue la primera que subiste a un escenario?

EV: Subí por primera vez en un escenario con La desaparición de Wendy, del Papitu Benet i Jornet. Recuerdo muy especialmente el primer día que había público, estábamos a un teatro que había en la sacristía del monasterio donde cabían unas treinta personas … Tuve una adolescencia muy difícil por problemas de físico, no me gustaba nada y me detestaba . Cuando subía al escenario me disfrazaba, dejaba de ser yo y eso me relajaba. Empecé a pensar: «esto me gusta, me lo paso bien y creo que aquí puedo ser feliz». Nunca habría imaginado que acabaría dedicándome a esto, en mi casa nunca me habían llevado al teatro y tampoco había mucho en aquella época en Sant Cugat, salvo lo que hacíamos en la agrupación A partir de entonces empecé a ir.

TB: ¿Cómo crees que hubiera sido tu vida si no te hubieras dedicado al teatro?

EV: Me hubiera gustado ser psicóloga. Me gusta la psicología y supongo que son profesiones que coinciden en algún punto.

TB: Habías estudiado magisterio.

EV: Sí. Había estudiado en un colegio de monjas y estudié COU en Barcelona, ​​en el Instituto silvestre. Después entré en el Instituto del Teatro y claro, me sobrepasó… era una niña de pueblo y allá era todo tan moderno que pensé que no serviría para ser actriz y por eso empecé a hacer magisterio. Finalmente volví a entrar.

TB: Y del Instituto del Teatro llegaste al Teatro Libre donde entraste en contacto con grandes profesionales de la escena como Domènech Reixach, Fabià Puigserver, Carmen Portacelli, Sergi Belbel, Imma Colomer … ¿Cuál fue la lección que más recuerdas de aquella época?

EV: Después de estudiar en el Instituto del Teatro hice una obra con Carmen Portacelli, sin mucho recorrido, y El Impromptu de Versalles, una obra de postgrado con Lluís Pasqual con la que hicimos algunos bolos. En aquella época algunos teatros cogían los alumnos de postgrado a un precio muy bajo, lo que estaba muy bien para ir cogiendo rodaje, y el Pascual me recomendó al Fabián para actuar al heroe: «pruébala, está bien» , le dijo. No me lo podía creer, para mí era un sueño.

Yo veía a Anna Lizaran y muchos otros que por mí representaban todo lo que quería ser algún día. Estuve quince días a prueba, muy nerviosa, pero con los ojos como naranjas. De vez vi que aquello no era sólo lo que más me gustaba del mundo, sino que era una profesión en la que se ha de trabajar y se ensayará día a día, que tiene unas reglas y que la gente debe funcionar como un equipo. Estuve 10 años en el Teatro Libre y el Fabia, el Luis, Imma, el Domènech, Toni … me lo enseñaron todo.

Íbamos a ensayar cada día por la tarde y hacíamos funciones de jueves a domingo. Aprendí a cambiar de papel rápido, a ponerme en el lugar donde debía ser. Había mucha exigencia, mucho rigor. Por ejemplo, con los horarios: se llega y se ensaya, sin hacer no íbamos a hacer la charla. Trabajábamos mucho. El público del Libre era muy fiel y entregaba mucho. Pero al mismo tiempo era también muy crítico. Para mí fueron unos años brutales… comíamos y cenábamos allí, entrábamos a las 3 y salíamos a las 11 de la noche y lo era tu profesión y tu vida. Había poco fuera.

«Soy una persona muy rigurosa, responsable… y Anna Lizaran era el juego y la osadía»

Lizaran y Vilarasau protagonizaban ‘Un matrimonio en Boston’ en el Teatro Libre (2005)

TB: Has mencionado a la Lizaran. Siempre has dicho que ella era una pesonas sabía sacar una parte de ti que no te sacaba nadie más.

EV: Sí, porque yo soy una persona muy rigurosa, responsable y Anna era el juego y la osadía. Ella significaba pasar la línea y traspasar cosas. Me enseñó a jugar, a relajarme y pasarlo bien. En escena era muy ‘puta’ y me provocaba. Años después hice un personaje a la obra Barcelona de Pere Riera, que me recordaba mucho a ella. Interpretaba a una actriz que venía de París a Barcelona en plena Guerra Civil, y en ese personaje había mucho de Anna Lizaran y de todo lo que ella me enseñó.

TB: Te propongo un juego rápido: ¿sabrías decirme sin pensarlo los cinco personajes teatrales que más te hayan marcado?

EV: La Nela de La Infanticida, Susana de Las Bodas de Fígaro, Elena en Barcelona, ​​la Medea y la Stevie en La cabra o quién es Sylvia ?. El último personaje siempre sale porque es el que condensa todo lo que has ido aprendiendo… Pero me dejo muchos.

Emma Vilarasau y Míriam Iscla en ‘Barcelona’ de Pere Riera, en el Teatro Goya (2013)

TB: Dejamos el pasado atrás y miramos al futuro, porque uno de los nuevos proyectos donde participarás será la versión catalana de L’Oreneta (La Golondrina) de Guillem Clua y donde encarnaràs al papel que hasta ahora hacía Carmen Maura.

EV: Enseguida me interesé por el papel. Hablé con el Josep Maria Pou y me confirmó que en Barcelona no lo haría ella y yo aproveché para decirle que me encantaría hacerlo a mí.

TB: La obra está inspirada en un ataque terrorista que se produjo en el año 2016 en bar de ambiente de Orlando (Estados Unidos). ¿Qué te atrapó tanto de esta obra?

EV: Me atrapó el tema: una madre que no quiere aceptar ni ha querido entender que su hijo es gay. Es uno de esos temas tabú que hablábamos al principio de la entrevista. Puede parecer que no, pero esto todavía sucede y no es fácil para personas de determinados estatus. Hay algo que reivindica la obra que se me quedó muy: «si no se declara que este atentado era contra los gays y no un atentado en general, no se ganará nunca esta batalla». Y tiene toda la razón, las cosas no se pueden tergiversar: hay racismo, hay homofobia … son cosas que existen, aceptémoslo, hablamos ello e intentamos entender el enemigo, intentamos entender que le pasa y que no lo acepta.

«El abuso de poder es duro y cruel, pero el abuso sexual me provoca… asco»

TB: El Diari ARA ha destapado una serie de casos de acoso y de abuso de poder en el mundo del teatro. ¿Como has vivido personalmente esta polémica?

EV: Con mucho asco hacia estas actitudes. El abuso de poder es muy duro y muy cruel, pero es que el abuso sexual me provoca, no tengo ni palabras … asco, esta es la palabra. Me sabe muy mal que esto haya pasado, que las pobres y los pobres alumnos no se hayan atrevido a denunciarlo y si lo han hecho que no se les haya hecho caso. Siento que se haya normalizado, que haya personas que piensen que esto pasa, que no son los primeros que lo viven y que, por tanto, no hay que denunciarlo porque esto es así. Debe ser muy difícil para la víctima poder denunciarlo porque son personas maltratadas por personas que no son simples desconocidas de la calle, que son sus profesores. La víctima no sabe cómo actuar ante el acoso, no sabe si ha de aceptar, no sabe ni dónde está … estamos hablando de gente muy joven. Me da mucho asco.

Lo que sí me gustaría es salir en defensa de Magda Puyo. Yo lo he tenido de directora, he hecho una obra con ella y nos conocemos. Es feminista desde que nació y creo que ha hecho lo que ha podido con una institución y con un funcionariado difícil. Me sabe muy mal que haya plegado porque creo que es una muy buena directora.

TB: ¿Te has sentido alguna vez como víctima?

EV: Yo no, no voy padecerlo nunca ni me sentí de esa manera. No sé … También hay otro tema que es muy complicado, y que requiere más tiempo para hablar profundamente y no pasar por encima … es difícil. A mí también me han hecho llorar, he salido de alguna clase llorando y no m’humiliaven. Es un trabajo donde tu herramienta eres tú misma. Cuando te critican y cuando te cuestionan tienes que aprender, y eso se aprende con los años, que esto no por mí sino que a mi herramienta. Que estoy a una clase, a un ensayo y que aquella machacada no es a mí, no es algo personal. A veces el zarandeo que intentan conseguir, con mayor o menor fortuna, sirve simplemente para superar o sacarte algo y no es para puramente humillarte. Si algún día tenemos más tiempo, me gustaría hablar de estos límites … Me he encontrado con alumnos que me han hablado muy diferente de una profesora: unos me dicen que les hizo la vida imposible y otros del mismo curso me dicen que les ha salvado la vida. «Me ha hecho llorar a sus clases, pero es la mejor profesora que he tenido», me han dicho … y está claro que aquí hay algo de cómo lo recibe cada persona. Entiendo que puede haber maneras que no son buenas, pero es un tema muy complicado. Eso sí, en el abuso sexual no, el abuso sexual no tiene error posible.

«Me gustaría trabajar con La Calòrica, me gusta lo que hacen y son unos gamberros»

TB: Tu tienes una familia de artistas, de hecho uno de tus hijos se dedica al mundo de la interpretación. ¿Como ves a las nuevas generaciones?

EV: Las veo muy preparadas, con mucha energía, decisión y creatividad. Veo a muchas nuevas compañías que hacen cosas increíbles y osadas, que pueden cagarla mucho, pero que tienen permiso para hacerlo y equivocarse mucho. Está que sea así y que se atrevan a traspasar muchas líneas. Ya encontrarán el equilibrio.

Creo que mi generación, cuando yo era joven, éramos mucho menos osados, teníamos mucho respeto y nos lo pensábamos mucho antes de hacer determinadas cosas. Ahora, a pesar de la precariedad del sector, pienso que hay muchas más oportunidades, como las series de las plataformas. Ahora hay más actores que antes, mucha más competencia y creo que es eso que hace salgan profesionales mucho más preparados, mucho más adultos, que saben lo que quieren, que luchan por lo que quieren y eso está muy bien.

TB: ¿Hay alguien de estas nuevas generaciones con quien te gustaría trabajar?

EV: Me gustaría trabajar con La Calòrica, me gusta lo que hacen y son unos gamberros. También me gustaría poder trabajar con Clara Peya. Yo no canto, pero me parece una mujer maravillosa.

Por Rubén Garcia / @RuGarciaE

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Comentarios
  • CARLES LUCAS GIRALT

    Jo també vaig conèixer l’Emma Vilarasau a Nissaga de poder (abans a Estació d’enllaç en un paper petit) però des de fa anys és el meu mite. Que sigui al repartiment és motiu indiscutible d’anar a gaudir l’espectacle. De fet tinc un somni: Actuar un dia al seu costat.

    15/03/2021
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