ANATOMIA DE RICARD

El mal siempre tiene quien le escriba

Gerard Guix y Montse Rodríguez recuperan a su Ricard adolescente en un díptico sobre el origen del mal, la culpa y la posibilidad de redención

Algunas ficciones siempre encuentran su lugar en el presente. Quizá resulta más fácil cuando se apoyan en aspectos esenciales de la condición humana, como el mal. Antes de que los románticos abrazaran con fervor la oscuridad del alma, Shakespeare ya había lanzado a la eternidad al primer villano consciente: Ricardo, duque de Gloucester, en el trono y, sobre los escenarios, Ricard III. Deforme, maquiavélico, paranoico, ambicioso, psicópata —en este rasgo compite mano a mano con Hamlet— y, como puede interpretarse en su célebre monólogo inicial, un incel de manual.

Brandon Caritg en ‘Ricard de 3r’

Pasan los siglos y seguimos reinterpretando una y otra vez la psique de este personaje, reflexionando sobre las motivaciones —o su ausencia— que empujan a un sujeto hacia la maldad. En 2015, Gerard Guix se atrevió a trasladar con gran éxito ese impulso a la circunstancia de un adolescente introvertido y a convertir la obra de Shakespeare en una influencia envenenada. Hace una década, la manosfera era todavía una entelequia, pero el protagonista de Ricard de 3r parecía anticipar esa hostilidad incontrolable que ahora se larva salvajemente en las redes sociales, donde propaga odio y violencia, especialmente contra las mujeres. Si en su estreno el drama de Guix evocaba las alucinaciones de Donnie Darko o la masacre de Columbine —también clara inspiración para Els estunmen, de Nao Albet y Marcel Borràs—, ahora podría encajar perfectamente en el relato sociopático de la era digital de una serie como Adolescence.

Ricard de 3r vuelve para acompañar la continuación del personaje, también escrita por Guix y titulada Ricard 111. Ambas piezas conforman el díptico Anatomia de Ricard y pueden verse por separado, aunque algunos días se ofrecen en programa doble. El adolescente de la primera pieza tiene ahora el rostro de Brandon Caritg, que recoge el testigo del montaje original; el de la segunda es ya un hombre joven, recluido, que afronta una condena de 111 años, interpretado de nuevo por Quim Ávila. Dos actores de apariencia frágil que, con la sonrisa adecuada, podrían dibujar la turbia amenaza indomable de la última escena de Anthony Perkins en Psicosis. La pregunta es ahora si la redención es posible; si el reconocimiento de la culpa, la conciencia del origen del mal, basta para alejar para siempre las sombras. Además de Guix como autor, firma de nuevo la dirección Montse Rodríguez.

Quim Àvila en ‘Ricard 111’

Guix y Rodríguez han hecho del universo habitado por jóvenes y adolescentes un espacio dramático recurrente. Si Guix volvió a abordar las tribulaciones de estas edades en su literatura dramática con Dirrrty Boys, Rodríguez ha creado todo un porfolio teatral con Daniel J. Meyer, empezando por la aplaudida A.K.A. (2018) y continuando con títulos como Llegat, Scratch o Uppgivenhet.

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Licenciado en Ciencias de la Información en la UAB. Ha formado de redacciones culturales de medios como ABC, Hoy, Ara, Time Out, El País o La Vanguardia. También ha colaborado con equipamientos como el Gran Teatre del Liceu o el Teatre Lliure.

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