El Jove Teatre Regina bajará definitivamente el telón el próximo 15 de julio. La sala de la calle Sèneca, en el barrio de Gràcia, cerrará después de 38 años dedicada al teatro familiar y juvenil, a raíz de la decisión de la propiedad de vender el edificio y de no renovar el contrato de alquiler a la compañía La Trepa, que gestiona el espacio desde 1988.
La directora del teatro, Mariona Campos, ha anunciado el cierre en una rueda de prensa marcada por la emoción y por la reivindicación de un proyecto que, según ha remarcado, no se acaba por falta de público ni por inviabilidad económica. “No cerramos por quiebra económica ni por falta de público. Las cosas nos iban bien, pero el edificio se vende y nos echan”, ha lamentado.

La compañía había recibido inicialmente un plazo de tres semanas para abandonar el teatro, que finalmente se ha podido alargar hasta tres meses. Este margen ha permitido cerrar la temporada con menos cancelaciones, pero no ha sido suficiente para preparar una transición ni para encontrar una alternativa. “Cerramos obligados y sin haber podido tener ningún margen de maniobra”, ha explicado Campos.
Un espacio de referencia para el teatro familiar
El Jove Teatre Regina nació en 1988 como sede estable de La Trepa, compañía impulsada por Maria Agustina Solé, Francesc Campos y Maties Gimeno. Desde entonces, la sala se ha consolidado como uno de los espacios de referencia del teatro familiar en Barcelona, con programación continuada, funciones escolares, talleres y espectáculos dirigidos a niños, jóvenes y familias.

Maria Agustina Solé y Mariona Campos, en el Jove Teatre Regina
Durante casi cuatro décadas, el Regina ha ofrecido 811 espectáculos, 10.538 funciones y ha recibido a más de 2,1 millones de espectadores, según los datos facilitados por el propio teatro. La sala, con capacidad para unos 300 espectadores, había sido anteriormente el Cinema Regina y el Teatre Regina, y forma parte de la memoria cultural del barrio de Gràcia.
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Para Maria Agustina Solé, fundadora de la sala, el cierre es un golpe especialmente duro. En la rueda de prensa lo ha definido como “enterrar a un hijo”, una imagen que resume el vínculo emocional con un proyecto nacido de la compañía y arraigado durante décadas en el mismo edificio.
Mariona Campos, que tomó el relevo familiar en la dirección en 2013, ha defendido la función cultural y educativa del Regina y ha reivindicado el trabajo hecho para acercar el teatro a niños y jóvenes desde una mirada crítica, sensible y comprometida. La directora también ha recordado que la sala ha sido “un bastión para la defensa del catalán” y un espacio pensado para los niños y jóvenes como público del presente.
Un cierre sin margen de maniobra
La compañía atribuye el cierre a la venta del edificio y a la falta de herramientas para garantizar la continuidad del espacio como equipamiento cultural. El inmueble no cuenta con ninguna protección legal que asegure su uso teatral, lo que limita la capacidad de intervención de las administraciones en una operación entre privados. “Lo que pasa hoy en esta sala es un poco el reflejo de lo que ocurre poco a poco, pero sin freno, en la sociedad y en la ciudad. Éramos uno de los últimos espacios destinados al público autóctono, al ciudadano de Barcelona, al vecino de Gràcia, a la cultura hecha en casa y abierta al mundo”, ha afirmado Campos.

La directora ha explicado que habían mantenido conversaciones con la Generalitat de Catalunya y el Ayuntamiento de Barcelona, pero que el tiempo disponible ha sido demasiado corto para encontrar una salida. Uno de los nombres que han aparecido en relación con el futuro del edificio es el de Antonio Díaz, conocido artísticamente como El Mago Pop, que habría mostrado interés por el inmueble. Campos ha explicado que hubo conversaciones, pero que concluyeron que los dos proyectos no podían convivir en el mismo espacio: “Les explicamos lo que hacíamos y llegamos a la conclusión de que no podríamos coexistir, porque no tenían intención de ser arrendatarios sino de explotar el espacio”.
Mariona Campos: “El continente se acaba, pero no el contenido”
A pesar del cierre de la sala, La Trepa no da por acabado el proyecto. La prioridad inmediata es desmontar el espacio y retirar todo el material que pertenece a la compañía: “Cerraremos los talleres de teatro que están en marcha y empezaremos a desmantelar los focos, las barras, todo lo que nos pertenece. Nos iremos, y seguiremos pagando los plazos de la reforma que hicimos”, ha explicado Campos.
La directora ha resumido el momento con una frase que apunta también a la voluntad de continuidad: “El continente se acaba, pero no el contenido”. La sala cierra, pero La Trepa quiere mantener vivo un proyecto que durante casi cuatro décadas ha acompañado a varias generaciones de niños, jóvenes y familias en el descubrimiento del teatro.
