EL CLOWN REVISITA UN CLÁSICO

‘El diablo cojuelo’: un encuentro de dos mundos

Bea López

La compañía de payasos Rhum & Cia presentará El diablo cojuelo, una adaptación teatral libre de la novela barroca de Vélez de Guevara escrita por Juan Mayorga y dirigida por Ester Nadal, en una coproducción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y Velvet Events.

El montaje cuenta la historia de una compañía de payasos, Rhum & Cia, que asume el encargo de llevar a escena por primera vez a un clásico, El diablo cojuelo, y no quiere fracasar en el afán. Los payasos interpretarán en escena, con mucho sentido del humor, el viaje del cojuelo y el estudiante Cleofás a la España del siglo de oro. Interpretada por Joan Arqué, Roger Julià, Xavi Lozano, Jordi Martínez, Mauro Paganini y Piero Steiner, la obra empezó a gestarse en 2014 fruto de la amistad con Mayorga durante la temporada que la compañía presentó Gran reserva en Madrid.

¿Un diablo payaso?

El diablo cojuelo es una comedia de costumbres de Luis Vélez de Guevara. Desde su curioso y muy significativo subtítulo, Esta novela de la otra vida traducida a ésta, la obra propone una imagen políticamente incorrecta de la vida española de la época a través de un demonio gamberro que es rescatado casualmente por un estudiante llamado Cleofás. Ambos emprenden un viaje imaginario por las viviendas madrileños y nos dejan ver qué esconden las paredes. Una denuncia de la hipocresía de la sociedad y las endemoniadas vanidades humanas.

Aunque en su origen no pueda parecerlo, el mundo del clásico cojuelo y el del payaso contemporáneo que intenta llevar a cabo la función son dos mundos coincidentes en la esencia, ya que descubren su realidad en el espejo social. “Los dos viven en un mundo que, pese a que le conocen, ni lo entienden ni forman parte”, explica Jordi Martínez: “Tienen una mirada exterior porque ellos tienen la visión del mundo totalmente diferente”.

La obra es una traducción del original de Vélez convertida en una extraordinaria fiesta ofrecida. Un clásico muy payaso porque, en palabras del impulsor de esta adaptación, Juan Mayorga, “la mirada ingenua y salvaje del payaso es capaz de homenajear al clásico y, al mismo tiempo, de reírse de él y de nuestra relación con él y de nuestra relación con los clásicos en general”.

Una dramaturgia hecha a medida

Escrita a medida por la compañía, la obra de Mayorga ha logrado establecer un tráfico desde el lenguaje escénico al propio del clown a través de la escucha y el diálogo con la compañía. El gran reto de adaptar un clásico como éste es mantener su universalidad y conseguir que traspase al público desde la contemporaneidad: “Su gran éxito es que con las palabras llega a nuestro lenguaje, porque ahí está el gag, la comicidad , la ironía, el sarcasmo, la distancia; está la crítica y está en el siglo XXI, también”, explica Arqué. En El diablo cojuelo, el clown se sitúa en el centro del montaje y los payasos, en escena en todo momento, encuentran en el fracaso su razón de ser y una forma de expresión, porque es el centro de su mundo y, por eso , también lo es del espectáculo. El lenguaje del payaso sirve, en este caso, para darle otro sabor al clásico sin perder la esencia. En todas sus creaciones, la compañía persigue la máxima de investigar los límites del lenguaje del payaso, lo que les ha permitido comprobar con este montaje que su filosofía de seguir siendo payasos casa perfectamente con el verso y la naturaleza clásica.

La música y el metalenguaje, elementos imprescindibles

El diablo cojuelo en apariencia tiene una trama doble: por una parte, la sátira de Vélez de Guevara, que nos cuenta la historia de las aventuras del demonio, y por otra, la de una compañía de teatro que está intentando montar un espectáculo del texto clásico. Es en esta última trama en la que encontramos un tercer argumento en el que subyace el metalenguaje: los payasos discuten sobre la legitimidad que tienen para hacer o no un clásico y sobre la necesidad de salir o no de su propia zona de confort. «Precisamente es esta discusión entre ellos la que hace avanzar la trama», apunta Arqué.

Un elemento fundamental que comparten las obras barrocas y el espíritu de Rhum es el uso imprescindible de la música, que debe ser divertida y al mismo tiempo vehículo narrativo de la historia. Además de payasos, los componentes de la compañía también son músicos, lo que les ha facilitado mucho el proceso creativo en el que, asesorados por Eliseo Parra, gran conocedor de la música de la península, han apostado por sonidos más cercanos, alejados de la música anglosajona.

Aprendizaje y redescubrimiento

Sumergirse en el mundo de los clásicos y el verso ha supuesto un enorme desafío para la compañía, pero sobre todo ha supuesto un descubrimiento: “El texto ha hecho que nos enamoráramos de algo que desconocíamos y de lo que teníamos un cliché”, explica Martínez. Pero la mayor sorpresa, confiesa, ha sido darse cuenta de la capacidad que tienen de romper sus propias barreras después de enfrentarse a esta aventura teatral: “Nos hemos dado cuenta de que, como compañía, somos capaces de plantearnos cualquier reto, aunque sea de lo más desconocido del mundo”.

Aunque saben que todavía es temprano para valorar la aportación del lenguaje payaso a la obra clásica, sí tienen claro que el clown es «un lenguaje que le va muy bien para darle vigencia». El espectáculo mantiene esta actualidad porque habla sobre todo de la identidad, de esa naturaleza por la que todos somos payasos, porque todos venimos de dónde venimos. Y lo hace siempre desde el humor y la risa, tal y como lo hacía la novela original como forma de resistencia y libertad.

La apuesta dramática de Rhum & Cia ofrece una nueva mirada que supone el encuentro de dos lenguajes que parecían destinados a encontrarse: el del clásico con el clown. Y si tenemos en cuenta las palabras de Martínez según las cuales “los protagonistas de El diablo cojuelo son sólo payasos”, quizás esta loca versión es realmente sensata a su locura. Y tal y como dijo ya Vélez de Guevara en boca de un demonio, hacia el año 1641: “En el mundo todos somos locos, unos de otros”.

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