SENSIBILIDAD SIN FILTROS

'Dirty Crusty', una comedia salvaje libre de prejuicios

Aleix Fauró regresó de Nueva York con un libro bajo el brazo. Había viajado para investigar sobre teatro: quería saber qué funcionaba allí. A diferencia de un souvenir, aquel libro era un regalo pensado, con recorrido y delicadeza, para Isis Martín. Era una apuesta, una propuesta, y Martín no dudó en aceptarla. El libro era Dirty Crusty, de Clare Barron. Y, a partir del 9 de diciembre, la obra podrá verse por primera vez en catalán, dirigida por Fauró y Martín, en la Sala Atrium.

“Habla de cosas difíciles, habla de agresiones, de enfermedad mental, pero es fresca y no hay juicio”, explica Martín. “Es una comedia dura”, añade Fauró. Dirty Crusty cuenta la historia de Jeanine, que lucha por mantener una vida digna y ordenada en la ciudad. La obra explora los límites de las relaciones, los espacios y las identidades. Uno de los aspectos que más interesó a los directores fue que Barron escribió el texto antes del #MeToo y antes de ser diagnosticada con un trastorno bipolar. “Es importante hablar del poder de la escritura a la hora de sanar”, dice Martín. “Encontrar el equilibrio entre no juzgar a los personajes y no blanquear la violencia es uno de los retos”, añade. Para Pau Escobar, el actor que interpreta a Viktor, la mejor manera de esquivar el prejuicio es “ser plenamente honestos y viajar con Clare” y, en ese sentido, asegura, todos van a una.

En escena, nada. Solo una máscara y tres intérpretes: Patrícia Bargalló, Escobar y Sandra Pujol. Las luces de Guillem Gelabert y el movimiento a cargo de Laia Duran llenan el espacio restante. Y basta. “En la obra hay sexo y violencia y no queríamos jugar a ser realistas, no es necesario”, aclara Martín. Un reto mayúsculo que están trabajando conjuntamente con una coordinadora de intimidad.

“El proceso de ensayos es muy bonito”, dice Fauró, y asegura que, en gran parte, se debe a la generosidad y la entrega de los intérpretes. “Todo tiene un sentido: cómo nos desplazamos, cómo ocupamos el espacio, cómo nos miramos… Antes de decir el texto ya hay mucha información”, explica Pujol, que da vida a la protagonista, y destaca el trabajo que están haciendo con Duran para encontrar el movimiento de cada personaje.

“Jeanine es una persona con una sensibilidad extrema a la que le resulta difícil habitar una sociedad tan opresiva”, dice Pujol, y reconoce que la protagonista tiene mucho de ella. Y de todo el mundo. “¿Quién no ha estado cerca de una depresión y ha tenido que seguir afrontando la vida?”, se pregunta Fauró. “Vivimos en una sociedad que no acepta ninguna diferencia, tenga diagnóstico o no”, concluye.

“Es un buen espectáculo para venir en familia con adolescentes»

“Es un buen espectáculo para venir en familia con adolescentes”, opina Pujol. Y todas coinciden en que todo el mundo es, o ha sido, un poco Jeanine, un poco Viktor y un poco Synda. “Ideal para regalar en Navidad”, comentan entre risas. Bromean, pero lo es: un rato para mirarnos sin juicio mientras, quizá, nos reconocemos en las heridas. El mismo regalo que un día Fauró le hizo a Martín justo después de regresar de Nueva York.

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Escrito por
irene vila

Periodista y fotógrafa documental. Ha trabajado en medios como Betevé, TV3, en la agencia EFE o Núvol.

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