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RITUAL DEL DOLOR

Delirio por el arte de Liddell

La dramaturga Sarah Kane explica en Psicosis 4.48 que el momento de delirio de las personas en tratamiento psicológico llega de madrugada: es la hora en la que el medicamento deja de hacer efecto y la paranoia emerge en mitad del sueño. Un instante de recuperación del ritmo vital que puede conducir al suicidio, precisamente aquello que el tratamiento intenta evitar. Ahora, esa hora —las 4.45 h de la madrugada— es la que invoca Angélica Liddell a sus espectadores más fieles para poder ver Seppuku. El funeral de Mishima.

Ya no quedan entradas para ver este montaje, que se representa del 24 al 26 de julio en el Teatre Lliure. La obra, estrenada en Temporada Alta en otoño, parecía justificarse por la salida del sol. Liddell rinde homenaje a un Mishima que se infligió esta muerte dolorosa como rechazo a la occidentalización de la cultura nipona. Y, probablemente, una hora tan extraña parecía permitir ver amanecer, como una llamada a Japón, la tierra del sol naciente. En Salt, a finales de noviembre, resultaba lógico que se representara en el interior de un teatro. En Barcelona, en cambio, parecía que podía aprovecharse el calor del verano para presentar el montaje en el Teatre Grec, y ver salir el sol mientras la muerte se hacía presente metafóricamente, con una simulación del harakiri samurái y siempre dentro del universo cargado de desengaño y frustración de Angélica Liddell. También es cierto que este Seppuku es una obra de cámara, de alta densidad dramática, y que necesita proximidad para poder oler cada escena, desde la juerga de jóvenes con camisa hawaiana —dicen que para Mishima aquella música era símbolo de libertad— hasta las cenizas de los padres de la dramaturga, que se esparcen como humo que ella intentará abrazar inútilmente.

Liddell: la dramaturga del teatro del dolor

En este montaje vuelve a la autolesión para poder mezclar su sangre occidental con la de los dos intérpretes japoneses, aquello que Mishima repudiaba. Con esa tinta escribe el poema mortuorio mientras despliega su monólogo nihilista, abrumador, agnóstico de todo salvo de la belleza y el horror del arte. La autora mezcla las postales más nítidas y espirituales con las imágenes más testosterónicas. El tránsito de la vida a la muerte exige un ritual que respeta con absoluta pulcritud. Pero, puntualmente, irrumpe una iconografía casi insultante, como la del culturista de cuerpo voluminoso en contraste con los cuerpos delgados, blancos y austeros de sus acompañantes. O la de los animales disecados que acompañan la foto de Mishima.

La trayectoria vital de los artistas corre en paralelo a la biológica. Como los indomables de La Zaranda, donde parece que un título responda a la prédica del montaje anterior, Angélica Liddell ha ido atravesando muros que parecían apartarla de la escena. En 2023, por ejemplo, celebró su propio funeral, Vudú —2023, Temporada Alta—, que posteriormente también haría temporada en el TNC. En 2024 se inspiró en El funeral de Bergman y ahora lo hace en el suicidio de Mishima. En este cuadro, parecía que la postal trágica nipona tenía que arrinconarla. Pero la verdad es que los seguidores fieles de Liddell la encontrarán en el centro de la escena, escupiendo un monólogo que hiere y sometiéndose a una extracción de sangre. Conmueve, sobre todo, cuando abraza prendas de ropa para recordar a personas muertas —por suicidio o por causas naturales— con pequeñas anotaciones de sus familiares. Liddell sublima la metáfora y, puntualmente, la confunde con el final definitivo de la vida.

Liddell insiste en que es errónea la máxima “vivir es vencer y morir, la derrota”. No está de acuerdo. También es cierto que, aunque acusa de cobarde y mentirosa a la audiencia, avanza que el suicidio del escritor japonés se produjo cuando ella estaba en el vientre de su madre: ella nació en 1966 y Mishima se quitó la vida en 1970. Las metáforas poéticas, a veces, traicionan la evidencia. De fondo resuena, por cierto, un hit pegadizo e intrascendente de los 90, Big in Japan, de Alphaville. Cruel estampa por la que Mishima habría doblado su suicidio.

Más información, imágenes y entradas:

Escrito por
jbordes

Redactor de artes escénicas de El El Punt Avui e impulsor de la plataforma de críticos Recomana

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