Alejadas de la dramaturgia convencional, las obras de Angélica Liddell hablan del sexo, la muerte o el poder. En el poema escénico Seppuku. El funeral de Mishima o el plaer de morir hace una reflexión sobre la muerte y el suicidio, que rinde homenaje a Yukio Mishima.
Sinopsis
“Quiero hacer de mi vida un poema”. El 25 de noviembre de 1975, el escritor Yukio Mishima cometió Seppuku según las reglas del ritual samurái, un final que planeó a lo largo de su vida y que puede rastrearse en su bellísima obra literaria. Mishima, representante al mismo tiempo de la más rabiosa vanguardia japonesa de años sesenta, así como del misticismo tradicional, es uno de los autores que más han influido en la obra de Angélica Liddell, siendo El pabellón de oro el libro de cabecera de la dramaturga, tal y como ella ha declarado en alguna ocasión. No es extraño que Angélica Liddell, cuyas obras giran a menudo en torno a la muerte, lo haya tomado como referencia para una reflexión escénica sobre la muerte y el suicidio que se refleja en la vida y la poética del japonés. Convocado de madrugada, el público asistirá a un elogio de la muerte. ¿No es, quizás, el acto más radical y más sincero de un ser humano? Esta pieza, inspirada en el Hagakure, código de los samuráis que fuera libro de cabecera de Mishima, constituye una experiencia de impacto impregnada de lirismo que se vive en un ambiente ceremonial.







