Àlex Rigola se reconoce como un activista en redes sociales que denuncia el genocidio palestino. En los últimos meses, prácticamente coincidiendo con la supuesta e insuficiente tregua propuesta por Estados Unidos, se han llevado a cabo acciones puntuales desde el teatro (ya sean conciertos de musicales o funciones únicas en distintas salas de proximidad). Sin embargo, todavía no había habido una obra que se mantuviera mínimamente en cartel. Hasta ahora, con Retorn a Haifa. La pieza persigue además otro reto: hacer oír la voz del pueblo palestino.

El espectáculo Retorn a Haifa parte de un breve relato de Ghassan Kanafani, asesinado por el Mossad israelí en 1972. El autor, escritor y periodista, también fue un activista que denunciaba las injusticias que sufrían los palestinos y promovía esta causa política y social a través de la literatura. El relato dominante occidental sostiene que Israel es David frente al mundo árabe (en el papel de Goliat). Esta visión es ficticia: “es el sionismo quien se lo inventa”, se queja Rigola, tal como se desprende del texto. En Retorn a Haifa, un matrimonio regresa a su casa cuando el gobierno israelí permite a los palestinos volver a las ciudades donde nacieron, tras la Nakba, el nombre con el que se conoce la catástrofe mediante la cual fueron expulsados de la tierra de sus padres y de la que debería ser la de sus hijos.

Rigola ha realizado una adaptación cruda, como suelen ser las obras despojadas de artificio. Chantal Aimée, Jordi Figueras, Ariadna Gil y Carles Roig participan en un montaje que no realizará gira. Ha podido ensayarse gracias, principalmente, a la implicación de los intérpretes. Con traducción de Anna Gil Bardají y el permiso de representación de Club Editor, la pieza, de 50 minutos de duración, forma parte del ciclo Bategant per Palestina de las salas de proximidad de Barcelona. En paralelo a las funciones, se programan dos recitales con Àlex Brendemühl, con la guitarra de Nora Buschmann (12 de abril) y Paula Blanco (19 de abril), que despliega versos de autoras palestinas.
Retorn a Haifa es una pieza incómoda, advierte Rigola. Porque Kanafani legitima una cierta violencia como reacción ante aquello que impidió la convivencia entre palestinos y judíos en Jerusalén y ciudades vecinas, desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Europa es responsable, por dejadez, del genocidio actual; y a los europeos, al mismo tiempo, nos incomoda la referencia a la defensa desde la violencia, confiando siempre en el pacto. Y, pese a la incomodidad que genera una fuerza desigual entre el ejército israelí y la población palestina, “Europa no se ha posicionado”. Y ya es hora de que dé un paso que le otorgue la legitimidad de ser una entidad propia fuera de la sombra estadounidense.
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