Una fiesta temática de los años noventa, cinco amigos que se reencuentran después de mucho tiempo y una revelación inesperada: la anfitriona los ha envenenado a todos. Este es el punto de partida de La promesa, la nueva comedia de Sixto Paz, escrita por Yago Alonso y Sílvia Navarro y dirigida por Pau Roca, que llega al Teatre Borràs a partir del 23 de mayo y podrá verse hasta el 12 de julio.

Después de La presència, la compañía vuelve a la misma sala con un registro radicalmente diferente: una comedia delirante, macabra y nostálgica que juega con los códigos del thriller para hablar de la amistad, el paso del tiempo y las promesas de juventud. “Es la comedia más pasada de vueltas, disparatada e irreverente que hemos hecho nunca”, ha explicado Roca. El director sitúa la obra en una noche de reencuentro entre cinco personajes que crecieron juntos en el cau, en un entorno marcado por valores como la solidaridad, el respeto por la naturaleza o la empatía. Con los años, sin embargo, aquel idealismo ha quedado lejos. “Son personas que se conocen de toda la vida, pero que con el paso del tiempo vuelven a mirarse a los ojos y se preguntan: ‘¿Pero en qué nos hemos convertido?’”, dice Roca.
El detonante de la función es Paula, el personaje interpretado por Carol Rovira, una mujer que vuelve de un viaje de transformación a Brasil y convoca a sus amigos a una fiesta llena de hits, disfraces y referencias de los noventa. Cuando la noche ya está en marcha, les revela que los ha envenenado. Rovira defiende que el gesto de su personaje nace de un lugar inesperado: “Lo hace desde el amor. Los quiere tanto que decide convertir la fiesta en una especie de ritual moral y plantearles las mismas preguntas que ella se ha hecho en ese viaje interior”.

A partir de aquí, los invitados deberán superar un juego de pistas a contrarreloj si quieren salvar la vida. Por el camino aflorarán secretos, reproches, frustraciones y promesas incumplidas. Mercè Martínez, que interpreta a una de las integrantes del grupo, describe la relación entre los personajes como una amistad marcada por la toxicidad: “Todos tienen una relación bastante tóxica, se relacionan a base de pequeñas puñaladas y no de elogios ni cuidados. Mi personaje es el máximo exponente”.
Vuelta a las fiestas de los 90
El espectáculo construye, desde el humor, un retrato ácido de una generación que vivió la juventud en plena euforia de los noventa y que ahora se mira en un espejo incómodo. Nirvana, OBK, Spice Girls, Chimo Bayo, los Juegos Olímpicos o la ruta del Bakalao forman parte del universo de la pieza, que juega con la nostalgia sin quedarse atrapada en ella. “A través de estos hits musicales y del sentido del humor de los personajes queremos llegar a explicar esta crítica”, apunta el director. “Son personajes frívolos e individualistas, pero también inteligentes, brillantes e incisivos. Dicen cosas de la altura de un campanario y, al mismo tiempo, queremos estar con ellos porque hacen explotar la comedia”.

Completan el reparto Eduard Buch, Eduard Lloveras y Marc Rodríguez, que dan vida a unos personajes acomodados, cínicos y desconectados de la realidad. La función plantea una pregunta aparentemente sencilla, pero incómoda: ¿nuestro yo adolescente estaría orgulloso de quienes somos ahora?
Más información, imágenes y entradas en:
