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Ricard III: Sobriedad shakespeariana

Ricard III
14/05/2017

A pesar de ser la obra de Shakespeare más representada del mundo, en nuestros escenarios hacía mucho tiempos que no vemos un Ricard III académico, más allá de variaciones interesantes como la que protagonizó Quim Àvila con dramaturgia de Gerard Guix. En este caso, sólo por ver a Lluís Homar interpretar un personaje tan jugoso y emblemático, todo el montaje ya vale la pena. El veterano actor demuestra su talento interpretativo llevándose toda la atención con la complicidad del director Xavier Albertí que le deja un gran espacio de lucimiento. Divertido, lleno de matices, trágico y perverso, cada monólogo del rey deforme resulta una verdadera lección y un placer hipnótico. Desgraciadamente, la sobriedad de la propuesta, en algunos momentos, resulta demasiado fría y monótona. Además de algunos fragmentos con pinceladas de humor bastante simpáticas, se agradece cada vez que algún recurso estético (cámaras u otros elementos) rompe con la línea aséptica por la que camina el espectáculo. En el reparto, por suerte, encontramos también ciertas figuras que destacan por su fuerza emocional y que, junto con Homar, generan los momentos más vibrantes y sobrecogedores. Ellas son las soberbias Julieta Serrano, Carme Elias y Anna Sahun. El vestuario y escenografía, también bastante sencilla, transmiten una elegancia y una oscuridad adecuadas para el tono de la obra, del mismo modo que el inquietante y perturbador espacio sonoro. En definitiva, se trata de una pieza contundente, con fragmentos memorables y, en general, muy satisfactoria incluso con los aspectos antes mencionados que, de ser mejorados, podían haber dado más vida a todo el conjunto.

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