Llevar al teatro una obra como Permagel no era una tarea fácil, sin embargo, Victoria Szpunberg y Albert Pijuan han superado el reto con creces creando un soliloquio de la mano de María Rodríguez Souto que pasa del pensamiento interior a la palabra de manera sutil expresando el dolor, la ironía y el peso de una vida que no desea ser vivida.
El libro, editado en 2018 por Eva Baltasar, cuenta la historia de una mujer lesbiana de algo más de cuarenta años al borde del suicidio para mostrar su angustia a través de su madre y su hermana con las que tiene una complicada relación de amor/odio.
En el escenario la actriz transita de forma magistral por un texto con registros diversos que atraviesan el espacio temporal y ella los interpreta con una naturalidad desbordante. Llega al público y hace que se conmueva con sus tragedias y se sienta a gusto en esos escasos momentos de vitalidad al lado de su sobrina, la única que le da motivos para estar viva.
El “pero” lo encontramos en el espacio sonoro, algo brusco y molesto en ocasiones y algún elemento de la escenografía como la plataforma que baja y sube o la decoración de las paredes cuyo final no solo no se ve con claridad desde todos los ángulos, sino que además deja al público lleno de dudas sobre su utilidad.
Como suele ocurrir, los que han leído el libro previamente salen de la sala con ganas de más detalle, aunque no se puede negar que el resultado final de esta adaptación es más que bueno y el trabajo actoral de Rodríguez Souto es de diez.
