Les cigonyes venen de Tailàndia: La verosimilitud y el tono

Les cigonyes venen de Tailàndia
26/06/2018

Tenemos una cierta tendencia a pensar que lo que hace buena a una obra es su historia o una premisa original pero, muchas veces, si no viene acompañada del tono adecuado, la maquinaria teatral es imposible que funcione. Les cigonyes venen de Tàilandia podría ser un buen ejemplo de esto. El montaje parte de un planteamiento realista con un conflicto creíble y empieza a transitar por lo que parece que será una comedia dramática con contenido social. De repente, la trama da un giro radical, derivando hacia una serie de situaciones extremas difíciles de justificar dentro del contexto en el que se nos ha situado. La autora y directora Blanca Bardagil podría haber optado por hacer con su material una comedia negra de enredos o una parodia del cine de suspense. En cambio, la apuesta constante por dar credibilidad a los alocados acontecimientos que protagonizan los personajes, con interpretaciones serias y naturalistas, impide la diversión y deja atrapado a todo el conjunto en la inverosimilitud. En este sentido, es admirable el esfuerzo de sus intérpretes que defienden el producto con gran profesionalidad y energía, haciendo uso de su notable talento. A pesar de esto, resulta demasiado forzado que unos jóvenes trabajadores cualesquiera, según se transmite en sus diálogos, sean capaces de secuestrar, amenazar, agredir o asesinar, sin haberlo hecho nunca antes y sin razones de un peso insoportable, más allá de los problemas cotidianos que todos tenemos. De hecho, el epílogo parece querer excusar esta debilidad pero, desgraciadamente, se trata de un defecto del concepto general y, por lo tanto, no es una cosa que se solucione con un final pseudoirónico.

← Volver a Les cigonyes venen de Tailàndia