Cuando explota lo que no puede callarse más
Todas las familias, lo parezcan o no, tienen sus altos y bajos, sus propias batallas. Con el paso del tiempo, se piensa que los desencuentros entre unos y otros se irán calmando y desaparecerán, pero casi siempre, aquello que nunca se ha hablado queda enquistado dentro hasta que un día sale todo. Y la mayoría de veces, cuando explota el conflicto no es el mejor momento para nadie.
Ferran Utzet trae el texto de Baptiste Amann (traducido por Carles Batlle) a Cataluña, concretamente a una casa reformada en un pueblo donde una pareja que están en edad de jubilación ha decidido poner en marcha una fleca orgánica. Allí, para celebrar el cumpleaños de él, se juntará toda la familia: las tres hijas, sus parejas y las nietas. Lo que tendría que ser una celebración se vuelve en una comida de reproches y pensamientos dichos en voz alta, de las hijas hacia los padres, pero también hacia las parejas y viceversa. Y mientras discuten, han olvidado el cumpleaños y alguna cosa más.
Se trata de una obra más compleja de lo que puede parecer a primera vista. Presentada a modo de comedia en su inicio, va volviéndose en una especie de drama familiar donde todos los personajes acaban reflexionando sobre qué soñaban en el pasado y cómo afrontan su futuro. El texto tiene momentos estelares en diálogos hilarantes o punzantes que comparten especialmente la madre con sus yernos. Aunque con las hijas hay escenas potentes y llenas de fuerza, las pequeñas debilidades que se muestran en las conversaciones con las parejas de las hijas son las más apreciadas. También hay algún momento en qué el relato se va un poco de sitio y no se sabe bien porqué, pero acaba volviendo a su objeto inicial.
Emma Vilarasau y Jordi Boixaderas hacen un trabajo exquisito, como ya tienen acostumbrado al público. El resto del reparto también es muy potente, aunque cabe destacar a Arnau Puig y su relato de la parada del autobús: quizás no tenía nada a ver con la historia (o sí), pero es uno de los momentos más brillantes de interpretación de la obra.
Escenografía austera y muy práctica, con unos efectos de lluvia que quizás no hacían falta pero que quedan bonitos, y momentos musicales que vuelven la platea en un karaoke. Este último recurso está bien para destensionar la trama, pero se hace un poco largo.
Una producción interesante de ver con compañía para comentar con la persona de la butaca de al lado qué le ha provocado la historia representada y saber si se ha compartido el mismo viaje.