Un nuevo estampado para Chéjov
En esta adaptación de la dramaturga alemana Rebekka Kriecheldorf, las tres hermanas más famosas de la literatura universal celebran tres aniversarios en medio de depresiones, borracheras, un aburrimiento infinito y unos cuántos desengaños amorosos. Aquí las referencias rusas se limitan a tres o cuatro nombres, a un samovar que aparece y desaparece, y a una discoteca que se llama Moscú. Creo que la adaptación consigue un buen retrato de los personajes -aquí totalmente abatidos y a ratos muy trastornados-, pero también pienso que pierde la oportunidad de quitarse de encima algunos elementos del original. Las disertaciones sobre el trabajo resultan anacrónicas y la clase social de Olga, Maixa e Irina quizás requería un mejor encaje al adaptarla a tiempo actuales.
La versión de Jordi Prat i Coll también destaca por el humor corrosivo, por una estética que se acerca peligrosamente al kitsch y por una dirección escénica dinámica e imaginativa. Es cierto que todo va en progresión y que el espectáculo crece a medida que avanza, pero no hay que olvidar en ningún momento que estamos ante un ejercicio que juega con Chéjov y que lo hace sin vergüenza y sin ningún tipo de pudor. Con aciertos y algun que otro tropiezo, pero con todo el rigor necesario para conseguir que una obra de repertorio como esta luzca con un nuevo color… o con un nuevo estampado.