Seducción en el escenario
La seducción de las artes escénicas es muy arbitraria, en cuanto cada persona tiene sus fetichismos y sus gustos particulares. Pero en algunas ocasiones, se crea una atmosfera que une diferentes públicos que quedan atrapados por una misma voz que los invita a perder-se en un momento único. Qué delicia cuando se puede formar parte de esta experiencia sensorial compartida.
Marc Rosich revisita el clásico de Oscar Wilde, pero con una mirada nueva, original y muy atractiva. En formato monólogo y con la ayuda de un coro musical (que quizás son amantes o quizás el propio Wilde), las palabras de Dorian Gray se mezclan con la música y las canciones de Jordi Cornudella para construir un mundo paralelo a la realidad donde la novela cobra vida para dejar extasiada a la audiencia.
Àngels Gonyalons es el polo de atracción y seducción de esta producción. Su sola presencia y cómo pisa el escenario ya atrapa la atención de cada espectador/a. Pero es cuando empieza a narrar la historia que acaba de hacerse con el público. Interactúa con la platea mientras va esbozando la figura de Dorian Gray y todo lo que le envuelve. Los momentos musicales acaban de redondear una actuación maravillosa que deja boquiabierta a la espectadora.
Jordi Vidal, Pau Oliver y Pol Blancafort acompañan a Gonyalons en esta puesta en escena. A veces siendo un coro en una tragedia, a veces convirtiéndose en amantes del protagonista y a veces figurando al propio autor de la novela. La verdad es que son figuras desdibujadas, que tienen un papel puntual en cada escena que ayuda a formular el ecosistema del relato.
La música y las canciones de Jordi Cornudella son otro de los elementos claves de esta obra. Sin abusar del género musical, cada pieza está colocada estratégicamente para dar aire al texto al mismo tiempo que harmoniza el relato. Los músicos encima del escenario constatan el detalle con el cual está pensada y trabajada toda la producción.
La escenografía, mínima, conjuntamente con el vestuario y toda la puesta en escena estructura una obra elegante que, además de atraer a la espectadora la dejan con un regusto de sensualidad que se queda pasados los días. Simplemente, un espectáculo magnífico.